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URGE PONER LA BANDEJA AL IR A COMULGAR

Urge poner la bandeja al ir a comulgar. Pdf para descargar. 

Sí, es URGENTE detener la moderna costumbre de impartir la Comunión a los fieles sin la Bandeja reglamentaria, para evitar que la Sagrada Forma o las Sagradas Partículas que se desprenden de Ella caigan al suelo y sean pisoteadas. Es urgente porque de no hacerlo se inflige un maltrato a Cristo Sacramentado, exponiéndolo a una “Pasión Eucarística” por falta de Fe, de Amor, de respeto y delicadeza al Hijo de Dios. La Teología dice que mientras hay Signo sensible (visible) hay sacramento; y para verlo hay que utilizar el instrumento apropiado que la Sabiduría Divina ha inspirado en la Tradición de la Iglesia: la “Patena para la Comunión de los fieles” (Bandeja).

Es urgente para evitar el doloroso Milagro Eucarístico que aquí se recoge, en el día en que la Iglesia Universal pone sus ojos en las custodias para adorar al Hijo de Dios hecho Eucaristía. ¿Pero no serán ojos afectados de miopía espiritual, por una lamentable pérdida de Fe? La autora desea permanecer en el anonimato porque, en su testimonio, el Protagonista que interesa es Cristo Jesús maltratado en el Sacramento del Amor. El Milagro tuvo lugar en la Iglesia de Santa Paula en Madrid. Tomemos nota de este bello relato.

       “3 de Junio de 2021, Festividad del Corpus Christi.-  Siempre he sido una persona de fe, incluso cuando no pisaba una iglesia y era lo que se puede llamar una pecadora empedernida, autoconvencida por pura conveniencia de que no regresaba a Cristo porque habría de confesarme previamente, y como no tenía propósito de enmienda ninguno, no valía para nada esa confesión.

Pero Dios tiene sus planes y aunque yo no quisiera admitirlo, siempre, siempre, ha estado junto a mí. Hace unos años me tiró (casi literalmente) de la oreja y me hizo volver a Él. Fue, cómo no, por medio de María Santísima, que inculcó en mí una necesidad imperiosa de agradecimiento. Y así, sin más, cada vez fui adentrándome nuevamente, convirtiéndome y descubriendo con mis pobres ojos humanos lo poco que puedo ver de la grandeza del Amor.

De unos meses acá, por circunstancias que cada día achaco más a los planes del Señor, mi vida ha pasado de vivir para trabajar a vivir para adorar, reparar, evangelizar, intentar ser mejor y prepararme para poder llevar algo en mis manos cuando el Rey de reyes me llame a su presencia. El Señor puso en mi camino a una serie de personas maravillosas con quienes adoro a diario. Él sabe por qué hace las cosas y cómo las hace. Sus planes son siempre perfectos.

El jueves 3 de Junio de 2021, festividad del Corpus Christi, me enredé haciendo cosas por la mañana y decidí ir a Misa por la tarde. Tenía que recoger primero el coche del taller y también se retrasó la entrega, por lo que a toda prisa hube de mirar dónde había Misa de 19,00 cerca de la Capilla de Adoración, de forma que pudiera ir a Misa y llegar a la Adoración retrasándome lo menos posible, ya que nuestra cita es a las 19,30. Supongo que el Señor me guió a la parroquia a la que fui.

Llegué ya en el ofertorio, pero yo no quería dejar de comulgar el día del Corpus Christi. Estaba la iglesia llena. En el momento de la Comunión, previendo que quizá me fueran a poner pegas para recibir al Señor de rodillas y en la boca, procuré quedarme la última, dejando pasar por delante de mí a quienes se iban incorporando detrás. Según me iba acercando al altar, a alguien 4 ó 5 fieles por delante de mí en la fila se le cayó el Señor al suelo. El sacerdote lo vio, miró cómo el feligrés recogía la Sagrada Hostia del suelo, se la metía en la boca y continuó “repartiendo” la Comunión en la mano como si se tratase de caramelos de un cumpleaños infantil.

Como se comulga tan mal y con tal falta de respeto, la Sagrada Hostia cayó a la derecha del sacerdote, hacia el altar, no en el paso, no delante de él. Yo siempre llevo conmigo agua exorcizada y pañuelos de papel, por lo que pensé que, tras recibir yo la Comunión, acto seguido limpiaría las Partículas del Señor que habrían quedado en el suelo antes de regresar a mi sitio. Al llegar mi turno, me hinqué de rodillas en el suelo, cerré los ojos y saqué la lengua para recibir al Señor en la boca. El sacerdote, en ese momento, me dio unos golpecitos en la mano y me dijo que no, que en la mano. Yo le negué con la cabeza, y le dije:

-“Padre, yo no puedo tocar al Señor, mis manos no están consagradas”. Él insistió: -“En la mano”. Yo volví a negar con la cabeza, mirándole desde el suelo a los ojos, ya casi los míos bañados en lágrimas. -“Padre, yo puedo elegir cómo recibir la Comunión”. Ni me miró. Se volvió a mi izquierda, pues alguien que debió ponerse en la fila detrás de mí sin yo saberlo, se adelantó, al ver que yo seguía de rodillas y el sacerdote no me daba la Comunión. Según el padre se volvía para dar la Comunión en la mano a esa persona, de mi boca temblorosa salieron unas palabras: -“Padre, además el Señor está ahí, en el suelo” (yo me refería a las Partículas que habrían caído. Él me entendió). El sacerdote dio la Comunión en la mano a esa persona, se volvió hacia mí y me dio la Comunión en la boca.

Mis lágrimas ya rodaban por toda la cara y con los nervios, la violencia del momento y que absolutamente todos los pares de ojos que había allí estaban clavados en mí, no recogí las Partículas de Nuestro Señor que estaban en el suelo. Me di cuenta al pasar, como si alguien tirase de mi ropa hacia atrás, una sensación extraña como si alguien me dijera, “se te olvida que Jesús sigue en el suelo”.

En lugar de volver a mi banco al final de la iglesia, me quedé en el primero de un lateral, que no tenía reclinatorio. Caí de rodillas, pedí perdón al Señor, ya que ni siquiera me había dado tiempo de tragar la Comunión. Busqué en mi bolso el agua exorcizada y un pañuelo de papel, el último del paquetito de plástico. Dejé el bolso en el banco y allá me fui dispuesta a que nadie fuera a pisarLe.  El lugar donde el Señor había caído estaba a unos 8 pasos. Al llegar al sitio, caí nuevamente de rodillas y eché el agua en el suelo por toda la zona y me puse a recoger con el pañuelo las Partículas que pudiera haber, con cuidado, como quien recoge las migas de un mantel, de forma que no se fuera a dispersar ninguna.

Sentía todos esos ojos clavados en mi espalda, El sacerdote me veía, estaba sentado, pero no me miró ni una vez, o eso me pareció a mí. Al levantar el pañuelo del suelo y darle la vuelta para doblarlo intentando que no cayera nada, cuál fue mi sorpresa que veo unas Manchitas de Sangre, Sangre húmeda. Me sorprendí, pero inicialmente pensé que tendría alguna heridita y sería sangre mía. Doblé el pañuelo, volví al banco, lo guardé con cuidado e hice mis oraciones de rodillas.

 

Toda la gente allí congregada comentaba y me miraba. Yo continuaba de rodillas en el suelo con la cabeza agachada, pero orgullosa de no haber dejado al Señor ahí en medio tirado para que lo pisotearan. Y llorando. No podía parar de llorar. Si en la fila para comulgar iba pensando “¡Pobre Jesús!” por cómo le recibe la gente, en ese momento mi mente estaba acribillada a preguntas: “¿Cómo es posible que adoren al Santísimo si cuando se cae al suelo les parece normal? ¿Cómo es posible que no se den cuenta de que es el mismo Cuerpo y la Sangre de Jesús lo que tocan con sus manos sucias y lo que tiran al suelo sin el menor remordimiento?”

En cuando el sacerdote dio la bendición, me despedí del Señor y salí de allí sin mirar atrás. Llegué al coche. Me miré las manos. Tenía una heridita que me había hecho hacía unos días, pero estaba seca, no había sangrado desde que me la había hecho. Además, estaba en mi mano izquierda y yo soy diestra, había utilizado mi mano derecha para recoger al Señor.

Mi cabeza empezó a pensar en lo ocurrido y en el pañuelo manchado: El pañuelo estaba limpio, nuevo, sacado de su envoltorio. No había marcas de arrastre, por lo que esa sangre no podía haber estado previamente en el suelo; además, la habría visto, porque el suelo de la iglesia es color azul grisáceo, más bien claro. Más bien son Manchas de Sangre como si el mismo pañuelo fuese el que sangrara. Para mí sólo hay una explicación: las Partículas del Cuerpo de Cristo recogidas del suelo, el mismo Cuerpo de Cristo, estaba sangrando y ES la mismísima Sangre de Jesús la que hay en ese pañuelo.

Por favor, la próxima vez que te acerques a comulgar, sé consciente de que recibes nada menos que a Nuestro Señor. Es Dios mismo. Hazlo con reverencia, respeto y Humildad. No Le maltratemos más”.

DIFUNDE, POR FAVOR. SÉ TÚ TAMBIÉN APÓSTOL DE LA EUCARISTÍA. Y NO TEMAS COMULGAR EN LA BOCA: CRISTO NO SE CONTAGIA NI CONTAGIA. ÉL SANA Y SALVA.

https://mensajerosdelavida.es

A.M.D.G

 

 

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Como Vara de Almendro

info@comovaradealmendro.es

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1 Comment

  • Esta manera de comulgar es señal de la gran apostasía en que vivimos .Muchos de los fieles que comulgan lo hacen irrespetuosamente. Seguramente el estado de su alma será acorde a la manera de comulgar y de esa manera, además de recibir mal al Señor, lo estarán alojando en un lugar sucio. Quien no se arrodille y reciba al Señor en su lengua ,es posible que tampoco se arrodille y use su lengua para hacer una buena confesión, porque su corazón esté en tinieblas

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