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ANA CATALINA EMMERICK RETRATA EL MOMENTO QUE VIVE BENEDICTO XVI

Antonio José Sánchez Sáez

“He visto muy afligido al Padre Santo. Vive en otro palacio y solo se deja ver de muy pocos amigos de confianza. Si el partido malo conociera de su propia fuerza habría ya estallado la revolución. Temo que el Papa tenga que padecer mucho antes de morir. Veo la negra iglesia de Satanás prosperar y ejercitar su pernicioso influjo. La angustiosa situación de la Iglesia y del Papa es tan triste que debemos pedir a Dios incesantemente que acuda en su auxilio. Yo recibí encargo de orar mucho por la Iglesia y por el Papa. Esta noche fui conducida a Roma, donde el Papa vive todavía oculto con el fin de evitar exigencias injustas. Está muy débil y consumido a causa de la tristeza, de la inquietud y de la continua oración. Se ha ocultado sobre todo porque no puede fiarse de muchos de los que le rodeaban. Junto a él está un sacerdote anciano muy sencillo y piadoso, amigo suyo, al cual no han creído necesario alejarlo de su lado. Este hombre tiene mucha gracia y favor de Dios. Mira y ve muchas cosas y todo se lo dice fielmente al Papa. A él descubrí en la oración muchas cosas acerca de algunos traidores y personas mal intencionadas que hay entre los altos empleados con quienes más confianza tiene el Papa; todo lo cual debía él comunicar al mismo Pontífice. Así está prevenido y se guardará de aquel que hasta ahora lo hacía todo y ahora ya no podrá hacer nada. El Papa está tan débil que no puede andar solo”.

 

“No sé cómo he venido a Roma esta noche; lo cierto es que me encontré en la Iglesia de Santa María La Mayor, y vi que se acercaban muchos fieles, pobres y piadosos, en grande angustia y aflicción a causa de estar escondido el Papa y de las noticias que corrían en la ciudad… que pidieran sobre todo que la Iglesia de las tinieblas se alejara de Roma; que los soldados que se acercaban no traían la salud, sino miserias y desolación”  

SCHMOEGER, C.E., Vida y Visiones de Ana Catalina Emmerich, Ediciones Sol de Fátima, Madrid, 2010, págs. 349-351.

“<<La Iglesia>>, decía, <<está en gran peligro. Yo he recibido el encargo de rogar a todos los que vienen a visitarme, que recen un Padrenuestro con esta intención. Se debe pedir que el Papa no salga de Roma, pues si saliera, se seguirían de aquí gravísimos males. Debemos pedir también que reciba el Espíritu Santo. Ahora quieren exigirle nuevas concesiones. Las doctrinas protestantes y griegas amenazan propagarse por todas partes. Si el papa saliera de Roma, los enemigos de la Iglesia adquirirían preponderancia. Veo que en este lugar se mina y se ahoga a la religión tan hábilmente que apenas quedan cien eclesiásticos fieles. No puedo decir cómo es esto, pero veo cada vez más tinieblas y oscuridad”.

SCHMOEGER, C.E., Vida y Visiones de Ana Catalina Emmerich, Ediciones Sol de Fátima, Madrid, 2010, pág. 352.

“Cuando atravesé a Roma con Francisca Romana y aquel Santo, vimos un gran palacio ardiendo todo él (el Vaticano). Temí que los moradores del palacio fueran abrasados por aquel incendio, pues nadie lo apagaba.; pero cuando nos acercamos, se extinguieron las llamas y vimos el palacio ennegrecido y ahumado. Recorrimos magníficas salas y llegamos al lugar en donde se hablaba el Papa. Estaba a oscuras, durmiendo en un sillón; enflaquecido por los males, no tenía poder para andar. Por delante de la puerta pasaban y cruzaban personajes ilustres. Los sacerdotes que vivían cerca de su persona no me agradaban; me parecían falsos y tibios. Los piadosos y sencillos que veo algunas veces con él, vivían en lo más apartado de la casa. Hablé largo tiempo con su Santidad, pero no puedo declarar el modo como me parecían  estar allí, pues me hallaba en extremo débil y los que allí había tenían que sostenerme siempre. Le hablé de los obispos que iban a ser nombrados. También le dije que no saliera de Roma, que de esta salida se originaría gran confusión en todas las cosas. Pero el Sumo Pontífice decía que no le era dado conjurar el peligro y que al fin tendría que salir para salvar su persona y muchas cosas. Estaba, pues, inclinado a dejar la ciudad…. El estado de cosas es espantoso. He rogado a Dios que tenga misericordia. ¡Oh ciudad, ciudad (Roma), qué gran calamidad te amenaza! La tempestad está próxima; ¡prepárate, pues.”

SCHMOEGER, C.E., Vida y Visiones de Ana Catalina Emmerich, Ediciones Sol de Fátima, Madrid, 2010, págs. 355-356.

Las visiones citadas se refieren al momento actual, o a dentro de pocos meses. Pero recordemos también que justo antes de que la masonería eclesiástica le quitara de en medio en 2013, Ana Catalina Emmerick vio esto: “Vi al Papa en oración; estaba rodeado de falsos amigos que a menudo hacían lo contrario de lo que decía. (AA.II.203). Vi al santo Padre en una gran tribulación y una gran angustia que afectaba a la Iglesia. Le vi muy rodeado de traiciones. (AA.II.414). ¡Ellos quieren quitar al pastor el prado que le es propio! ¡Quieren imponer otro que deja todo en manos de los enemigos! Entonces, tomada por la cólera, ella elevaba el puño cerrado diciendo: ¡Alemanes Bribones! ¡Escuchad! ¡no lo conseguiréis! ¡El pastor está en una rocalla! ¡Ustedes, sacerdotes, no se mueven! ¡Dormís y la granja arde por todos los lados! ¡no hacéis nada! ¡como lloraréis por eso un día! (AA.III.184). Vi que, en ciertos casos de extrema desdicha, el Papa tiene visiones y apariciones (AA.II.414).”

Hermanos. Quien quiera entender, que entienda.

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Antonio José Sánchez Sáez

Católico. Padre de familia. Profesor Titular de Derecho de la Universidad de Sevilla.
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