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El efecto Francisco está empezando a silenciar a los obispos, sacerdotes y laicos

El presente artículo es la transcripción de las palabras que el padre Clovis pronunció en una conferencia publicada en inglés por LifeSiteNews hace más de dos años. Dada su relevantísima actualidad que crece día a día, contrariamente a lo que suele suceder con cualquier noticia de última hora que pierde su interés al correr del tiempo, no sucede así con el presente escrito, por lo cual hemos pensado en publicarlo íntegro para todos ustedes con el objetivo de que puedan llevar a reflexión las que nos parecen unas palabras valientes y sabias en relación al estado actual de la Iglesia. Un resumen excelso de tantos hechos que, como católicos, nos abruman y preocupan. En la última parte del artículo podrán encontrar las 5 conclusiones finales del padre Clovis, a nuestro entender básicas, para afrontar la crisis profunda que atraviesa nuestra Iglesia.

 

El equipo de Como Vara de Almendro.

 

Por LifeSiteNews -22 Mayo 2015-

 

Una crisis es un momento de intensa dificultad o peligro. Médicamente hablando es el punto en el que tiene lugar un cambio, hacia la salud, o la muerte.

El obispo Athanasius Schneider ha identificado cuatro grandes crisis en la Iglesia: Arrianismo, El Cisma de Occidente, la Reforma y el Modernismo. Este último, contra el cual la Iglesia ha estado luchando el último siglo, se las ha arreglado para apoderarse de la Iglesia desde la clausura del Concilio Vaticano II. San Pio X lo califico como la síntesis de todas las herejías.

Durante el último centenario, la mayoría de los católicos, confiando la vigilancia a sus propios pastores, han estado durmiendo tranquilamente hasta ahora, cuando han sido despertados bruscamente por las campanas de alarma tocadas desde el Sínodo Extraordinario de la Familia en 2014. Un futuro Jerónimo puede lamentar que “al despertar, gimen por encontrarse a si mismos modernistas”. El drama del sínodo mostró en los medios a cardenales contra cardenales y obispos contra obispos, y conferencias nacionales de obispos resistiéndose unas a otras, apareciendo como el cumplimiento literal de la profecía de Nuestra Señora de Akita en 13 de Octubre de 1973: “El trabajo del diablo se infiltrará en la Iglesia de tal manera que se verán obispos contra obispos y cardenales contra cardenales. Los sacerdotes que me veneren serán ninguneados y opuestos por sus semejantes…la Iglesia estará llena de aquellos que aceptan compromisos”

De pronto algunos pastores comenzaron a hablar con extraño lenguaje. Con temeridad digna de estupor, el cardenal Dolan, hablando sobre la salida del armario de una estrella de fútbol, dijo en  el programa “Meet the Press” de la NBC: “Bien por él…no podría juzgarle. Dios le bendiga. No pienso que, mire, la misma Biblia que nos enseña acerca de las virtudes de la castidad y la fidelidad, nos enseña a no juzgar. Así que le diría: Bravo.”

Con tales comentarios y acciones provenientes de poderosos e importantes prelados, coronadas con el lema pontificio: “¿Quién soy yo para juzgar?”, los obispos, sacerdotes y laicos tradicionales son desarmados. Después de todo, si se posicionaran en adherirse a la enseñanza tradicional sobre la moral católica pronto serían acusados de ser más papistas que el Papa. Este estado de desarme del laicado y la jerarquía constituye el “efecto Francisco”.

 

El Papa

Los católicos amamos al Papa. Quien quiera que sea, de dondequiera que venga, él siempre representa un signo visible de la presencia de Cristo en el mundo. Incluso Nuestra Señora de Fátima le dijo a los niños que rezaran por el Santo Padre, repitiendo esta petición en Akita, el 13 de Octubre de 1973, diciendo: “…rezad mucho por el Papa, los obispos, y los sacerdotes”. Los católicos han rezado por él a diario, y no solo le han visto como un líder, sino también se han referido a él como ese firme y seguro cimiento sobre el cual se apoya la autoridad de la enseñanza de la Iglesia. Para los católicos la pureza de la enseñanza de la Iglesia es tan importante que sería más fácil para ellos aceptar que el Papa, tal vez de hecho, no sea el Papa, más que creer que el Papa esté enseñando el error.

El Catecismo de la Iglesia Católica enseña que “el Evangelio es dado de dos maneras: oral (Sagrada Tradición) y escrito (Sagradas Escrituras) y que es continuamente proclamado por la sucesión apostólica (Magisterio).” Continua definiendo a la Sagrada Escritura como “la Palabra de Dios escrita bajo el aliento del Espíritu Santo”, y en consecuencia, inspirada por Dios, es “provechosa para enseñar, reprobar, corregir, y practicar en rectitud”. En el párafo 81 el Catecismo afirma: “La Tradición transmite en su integridad la Palabra de Dios, que ha sido confiada a los apóstoles por Cristo y el Espíritu Santo” y transmitida a los obispos, “sucesores de los apóstoles para así, iluminados por el Espíritu de la Verdad, preserven, expongan, y extiendan por doquier por medio de su predicación”.

A lo largo de todas sus cartas, San Pablo insistió en que no había inventado ninguna nueva doctrina ni se había desviado de lo que él había recibido. Respecto a la Eucaristía, en particular, él dijo: “…porque he recibido del Señor, lo que ahora os entrego a vosotros. Que el Señor Jesús, la noche en que iba a ser entregado, tomo pan…” (1 Cor 11:23), y más adelante en el versículo 29 advirtió que: ” el que come y bebe el Cuerpo y la Sangre de nuestro Señor indignamente, como y bebe su propia condenación”. Aún con más fuerza dijo a los Gálatas que hay algunos que pretenden pervertir el Evangelio Cristo, y que “…incluso si nosotros, o un ángel del Cielo viniera a enseñaros un Evangelio contrario al que os hemos predicado, sea anatema” (Gal 1:8)

En relación al Magisterio, el Catecismo de la Iglesia en el párrafo 85 declara: “El oficio de interpretar auténticamente la palabra de Dios, oral o escrita, ha sido encomendado sólo al Magisterio vivo de la Iglesia…”. Ya que la Iglesia ejerce esta autoridad en el nombre de Jesucristo, se desprende que “la tarea de interpretarla se ha encomendado a los obispos en comunión con el sucesor de Pedro, el Obispo de Roma”. Incluso, el Catecismo en el párrafo 86 señala que “El Magisterio no está por encima de la palabra de Dios, sino a su servicio, para enseñar puramente lo transmitido, pues por mandato divino y con la asistencia del Espíritu Santo, lo escucha devotamente, lo custodia celosamente, lo explica fielmente; y de este único depósito de la fe…”

El Magisterio tiene la autoridad de ligar definitivamente la conciencia de los fieles en materia de fe y moral, y lo hace a través de las definiciones dogmáticas tal como señala el párrafo 88: “El Magisterio de la Iglesia ejerce plenamente la autoridad que tiene de Cristo cuando define dogmas, es decir, cuando propone, de una forma que obliga al pueblo cristiano a una adhesión irrevocable de fe, verdades contenidas en la Revelación divina o también cuando propone de manera definitiva verdades que tienen con ellas un vínculo necesario.”

El Magisterio Papal, de acuerdo con lo establecido en el Concilo Vaticano I, no fue establecido para revelar nueva doctrina sino para guardar y transmitir fielmente las verdades de la fe, confiadas por Jesucristo a sus apóstoles: “El Espíritu Santo fue prometido a los sucesores de Pedro, no de manera que ellos pudieran, por revelación suya, dar a conocer alguna nueva doctrina, sino que, por asistencia suya, ellos pudieran guardar santamente y exponer fielmente la revelación transmitida por los Apóstoles, es decir, el depósito de la fe.”

Mientras los fieles deben obediencia al Papa como el Vicario de Cristo, el Papa debe obediencia a la Palabra y a la Tradición Apostólica, y haciendo esto, facilita la fidelidad de los fieles hacia él. En un mundo no tan diferente a aquel de “…por largo tiempo el pueblo de Israel había estado sin el Dios verdadero, sin un sacerdote que les enseñase, sin ley” (2 Crónicas,15:3), es necesario que el Papa sea sabio y claro en su magisterio para que así, aquellos que le oigan eviten la muerte: “Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren.”(1 Timoteo, 4:16). El Papa Félix III, viviendo en un mundo carente al mensaje del Evangelio, vio la necesidad de corregir el error y reforzar la verdad, diciendo que un error que no se resiste, es un error aceptado; y una verdad que no se defiende es una verdad suprimida.

 

El Papa Francisco

En el primer año de su pontificado el Papa Francisco se las arregló para intranquilizar hasta los católicos más acríticos, quienes trataron desesperadamente de explicar la ambiguiedad de sus palabras y actos. El hecho de que los tradicionales enemigos de la Iglesia le dan una gran aprobación, despierta preocupaciones, recordando las palabras de Nuestro Señor Jesucristo: “Si el mundo os aborrece, sabed que a mí me ha aborrecido antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece. Acordaos de la palabra que yo os he dicho: El siervo no es mayor que su señor. Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán; si han guardado mi palabra, también guardarán la vuestra” (Juan 15: 18-20).

Las preocupaciónes católicas han crecido en proporción a la densidad de la niebla que envuelve a la opinión del Papa en materias clave. Es conocido que el Arzobispo de Buenos Aires, aparentemente deseando ser amado por todos y complacer a todos, lanzaría señales mixtas: “así, sería capaz de dar en televisión un discurso sobre el aborto, y al día siguiente, en el mismo programa de televisión, bendecir a las pro-aborto feministas, Madres de la Plaza de Mayo; capaz de dar un maravilloso discurso contra la masonería, y horas más tarde estar bebiendo y comiendo con ellos en el Rotary Club.” San Juan recoge que algunos de los seguidores de Cristo eran fariseos: “Con todo eso y aun de los gobernantes, muchos creyeron en él; pero a causa de los fariseos no lo confesaban, para no ser expulsados de la sinagoga. Porque amaban más la gloria de los hombres que la gloria de Dios.” (Juan 12: 42-43).

Desde la consternación de los católicos a la satisfacción del mundo, el Papa Francisco, por la palabra y la acción, ha provocado algunas grandes controversias, siendo de las más notorias el “¿Quién soy yo para juzgar?”. Esta aseveración pontificia desarmó inmediatamente a todos aquellos intentando resistir las incursiones del lobby gay. El Santo Padre falló al no hacer la distinción de que la Iglesia no juzga a las personas pero que tiene el poder y el deber de juzgar las acciones y las enseñanzas. La Iglesia no ha juzgado la moral personal, incluso los archi-heresiárcas, pero ciertamente ha avisado a los fieles acerca de sus perniciosas doctrinas. En la carta a los Corintios, San Pablo en persona sanciona esta posición: “Más bien os escribí que no os juntéis con ninguno que, llamándose hermano, fuere fornicario, o avaro, o idólatra, o maldiciente, o borracho, o ladrón; con el tal ni aun comáis. Porque ¿qué razón tendría yo para juzgar a los que están fuera? ¿No juzgáis vosotros a los que están dentro? Porque a los que están fuera, Dios juzgará. Quitad, pues, a ese perverso de entre vosotros.” (1 Corintios 5: 11-13).

Los católicos se han preocupado aún más cuando las reflexiones papales parecieran querer atacar al rebaño, tales como aseverar que “cierto estilo de doctrina o disciplina lleva en cambio a un narcisismo y autoritario elitismo” y la queja de que se habla demasiado de contracepción y aborto. ¿Contra quiénes, a parte de contra los pro-vida, podría estar dirigido esto sino? Vittorio Messori en su libro ” La defensa de cada vida ” citó a San Juan Pablo II, diciendo que: ” Es dificil imaginar una situación más injusta (aborto), y es muy dificil hablar de obsesión en un tema como este, donde estamos tratando con un tema de imperancia fundamental para cada conciencia- la defensa del derecho a vivir de seres humanos inocentes e indefensos.” La gran mayoría de los católicos puede atestiguar que en general que quienes anuncian el Evangelio, nunca evitan el tema de la contracepción o el aborto. Más aún, San Pablo, acerca de estas cosas exhorta a los predicadores a “que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina.” (2 Timoteo 4:2).

El asunto del Rabbitgate (caso conejo) fue especialmente difícil para las madres católicas alrededor del mundo, especialmente para aquellas quienes, con gran sacrificio personal, habían dado a luz a sus hijos. El Papa que había dicho “¿Quién soy yo para juzgar?” dijo entonces “Reprendí a una mujer hace unos meses en una parroquia que estaba embarazada de su octavo hijo, con siete cesáreas. “¿Pero quieres dejar a siete huérfanos? Esto es tentar a Dios. Él [Pablo VI] habla de paternidad responsable.” No contento con reprender a esta mujer en particular, lo extiende a una escala global: “Dios te da métodos para ser responsable. Algunos piensan que, perdónenme si utilizo esa palabra, que para ser buenos católicos tenemos que ser como conejos. ¡No! ¡Paternidad responsable! Esto es claro y es por eso que en la iglesia hay grupos matrimoniales, hay expertos en esta materia, hay pastores, se puede buscar y conozco tantas, muchas formas que son lícitas y que han ayudado a esto “.

En el actual clima de imperativo de lo pastoral, su posición sobre la Humanae vitae, piedra angular de la ética sexual católica, es incierta, sobre todo cuando parece hablarse de ir más allá de lo que enseña. Igualmente alarmante es su aparente apertura al “matrimonio homosexual” en forma de “uniones civiles”. Lo más preocupante de todo es su apoyo abierto al cardenal Kasper, quien en el Sínodo de 2014 pidió la admisión a la Eucaristía de los divorciados casados de nuevo?? sin que ellos cambiaran su estado civil. Esto llegó al tuétano de los católicos y provocó preocupaciones sobre la ortodoxia del Papa.

Estas  declaraciones papales tan ambiguas, causan no sólo preocupación, sino también confusión entre los católicos que, en su mayor parte, temen criticar o juzgar al papa. Pero aquí, como arriba, hay que hacer una distinción. No es la persona del Papa quien está siendo juzgada, sino sus acciones. También debe señalarse que el juicio de sus acciones no se hace con la intención de causar indignación, sino por el contrario, porque sus acciones son causa de indignación entre los fieles y amenaza a su fe.

Este juicio sobre el pontífice puede hacerse con la autoridad de San Pablo, quien dijo a los gálatas que “…cuando Pedro vino a Antioquía, le resistí cara a cara, porque era de condenar. Pues antes que viniesen algunos de parte de Jacobo, comía con los gentiles; pero después que vinieron, se retraía y se apartaba, porque tenía miedo de los de la circuncisión. Y en su simulación participaban también los otros judíos, de tal manera que aun Bernabé fue también arrastrado por la hipocresía de ellos. Pero cuando vi que no andaban rectamente conforme a la verdad del evangelio, dije a Pedro delante de todos: Si tú, siendo judío, vives como los gentiles y no como judío, ¿por qué obligas a los gentiles a judaizar?.” (Gálatas 2: 12-14).

También hay un precedente histórico para tal juicio sobre las acciones papales. Los teólogos de la Universidad de París, cardenales, obispos y reyes se opusieron a Juan XXII (1316-1334) cuando, en sus sermones dominicales, enseñó incorrectamente que los Benditos no ven a Dios hasta después del Juicio General. En el siglo XVI, Melchor Cano, teólogo español en el Concilio de Trento, advirtió contra la obsequiosidad con respecto al papa: “Ahora puede decirse brevemente que aquellos que defienden ciega e indiscriminadamente cualquier juicio del Sumo Pontífice sobre cualquier asunto debilitan el Autoridad de la Sede Apostólica; No lo apoyan; Lo subvierten; No la fortifican. … Pedro no necesita de nuestras mentiras; No tiene necesidad de nuestra adulación “. En nuestro tiempo, el Código de Derecho Canónico de 1983 también reconoce el derecho de los fieles a este respecto cuando afirma que” según el conocimiento, la competencia y el prestigio que poseen … los fieles tienen el derecho e incluso a veces el deber de manifestar a los pastores sagrados su opinión sobre los asuntos que pertenecen al bien de la Iglesia y de dar a conocer su opinión al resto de los fieles … “(§ 212: 3).

 

Conclusión

La Iglesia se enfrenta ahora al espectáculo de los cardenales y los obispos en conflicto abierto entre sí sobre la doctrina y las medidas pastorales. En el Sínodo Extraordinario de la Familia de 2014, los miembros principales de la jerarquía de la Iglesia, con algunas excepciones notables, debatieron abiertamente y públicamente la circunnavegación de las mismas palabras de Nuestro Señor Jesucristo para institucionalizar la revolución sexual en la Iglesia por la admisión a la Santa Comunión de los divorciados vueltos a casar . Si esto se acepta, entonces Clemente VII estaba equivocado en su trato a Enrique VIII y la reforma inglesa era innecesaria. Además, ¿por qué las parejas que cohabitan y los practicantes de la homosexualidad no arrepentidos se les niega la Santa Comunión? Hay algo de déjà vu en todo esto: “Todos los principales sacerdotes, así como el pueblo fueron muy infieles, siguiendo todas las abominaciones de las naciones; y contaminaron la casa de Dios que había santificado en Jerusalén. El Señor, el Dios de sus padres, les envió insistentemente a sus mensajeros, porque tenía compasión de su pueblo y de su morada; pero se burlaban de los mensajeros de Dios, despreciaban sus palabras y burlaban a sus profetas, hasta que la ira del Señor se levantó contra su pueblo, hasta que no hubo remedio. Por eso levantó contra ellos al rey de los caldeos, que mataron a espada a sus mozos en la casa de su santuario, y no tuvieron compasión de jóvenes o vírgenes, viejos o ancianos; Él los entregó en su mano “(2 Crónicas 36: 14-17). Con el Islam creciendo en fuerza, ¿podría en nuestro tiempo proveer el remedio comparable al que trajo el rey caldeo?

El Efecto Francisco es el desarme y el silenciamiento de los obispos católicos, sacerdotes y laicos. Mantener firme la doctrina y la práctica católica parece un acto de deslealtad hacia el Papa, pero aceptar es traicionar a la Iglesia. Los católicos preguntan a Pedro: “Señor, ¿a quién iremos?” (Juan 6:69). Es imperativo que permanezcan en la Iglesia y permanezcan armados, porque si los pastores han descendido como Aarón para unirse a los bacanales, entonces la Iglesia necesita levitas. “Y cuando Moisés vio que el pueblo se había desatado (porque Aarón los había soltado, para vergüenza entre sus enemigos), Moisés se paró a la puerta del campamento y dijo: ¿Quién está del lado del Señor? Venid a mí, y todos los hijos de Leví se juntaron con él “(Éxodo 32: 25-27). Cristo ya había advertido de este tiempo, diciendo: “Entonces os entregarán a la tribulación, y os matarán; Y seréis odiados por todas las naciones por causa de mi nombre. Y entonces muchos caerán, … y muchos falsos profetas se levantarán y conducirán a muchos por mal camino. Y porque la maldad se multiplica, el amor de la mayoría de los hombres se enfriará. Mas el que persevere hasta el fin, será salvo “(Mt 24: 9-13).

La Iglesia enfrenta la crisis; una crisis tan grave como la planteada por los arrianos. Su resolución traerá recuperación o muerte. Para lograrlo, los católicos deben permanecer en la Iglesia y estar armados. Para ello, son necesarias cinco cosas:

Primero: oren. La batalla es del Señor. ” Velad, pues, en todo tiempo orando para que tengáis fortaleza para escapar de todas estas cosas que tendrán lugar, y para estar delante del Hijo del Hombre” (Lc 21:36). Oremos sobre todo por el Papa, como la Iglesia primitiva oró incesantemente por Pedro (Hechos 12: 5).

Segundo: estudio. Los católicos deben conocer la Fe, estar familiarizados con las Escrituras, conocer la constante enseñanza de la Iglesia y comprender los principios de la teología moral. San Athanasio estaba solo en contra del mundo, por lo tanto, “Acordaos de vuestros pastores, que os hablaron la palabra de Dios; considerad cuál haya sido el resultado de su conducta, e imitad su fe. Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos. No os dejéis llevar de doctrinas diversas y extrañas; porque buena cosa es afirmar el corazón con la gracia, no con viandas, que nunca aprovecharon a los que se han ocupado de ellas. “(Hebreos 13: 7-9).

Tercero: transmita la Fe enseñándola y compartiéndola en la familia, practicando y orando juntos y unos por otros como familia.

Cuarto: apoyarse unos a otros y a todos los predicadores verdaderos y organizaciones católicas auténticas. Los quinientos sacerdotes que firman una carta abierta pidiendo que el Sínodo sobre la Familia promueva la doctrina católica deben ser animados y apoyados por todos los católicos preocupados.

Quinto: prepararse para el martirio. En el Nobis quoque del Canon romano rogamos: Y a nosotros, pecadores, siervos tuyos, que confiamos en tu infinita misericordia, admítenos en la asamblea de los santos apóstoles y mártires Juan el Bautista, Esteban, Matías y Bernabé… y todos tus santos; admítenos, te rogamos, en su compañía, no por nuestros méritos, sino concediéndonos tu perdón, por Cristo nuestro Señor. Amén.

 

Traducción de Como Vara de Almendro

 Fuente: https://www.lifesitenews.com/opinion/the-so-called-francis-effect-is-silencing-catholic-bishops-priests-and-lait

 

 

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3 Comments

  • ¿rezar por el Papa? querrás decir rezar por el antiPapa.
    Y por supuesto no, no voy a rezar por Bergoglio el masón satánico que se hace pasar por Papa.

  • Lo del silencio no es nuevo en absoluto y la condena selectiva tampoco. Nunca se condenó a los intérpretes heterodoxos del concilio (los que se han hecho hoy con el control de Roma) pero eso sí, las apariciones se condenaban y desprestigiaban por todo el orbe católico, y esto mucho antes del Concilio. Aquellos polvos, estos lodos. Ahora Dios tiene derecho a decir “allá penitas”, cierto que es muy malo lo que está ocurriendo pero nos lo hemos ganado a pulso y tomándolo por el lado bueno, servirá para hacer la cribal final, o Conmigo o contra Mí, no hay término medio, no hay compromiso. Llamativo que muchos católicos de devoción, incluso aparicionistas, se encuentren ya atados a Francisco, no quieren entender la lógica más elemental: los valedores de Francisco que lo citan un día u otro en sus homilías, eran enemigos a muerte de Juan Pablo II, al que jamás citaron en sus décadas de pontificado.

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