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EL GRAN REGALO DEL CIELO CONTRA PLAGAS Y PANDEMIAS

Queridos lectores de Como Vara de Almendro:

Estos días llegan a nosotros infinidad de noticias e informaciones de diversa índole sobre el ya famoso y triste «Coronavirus», una plaga que ha causado, al parecer, bastantes víctimas en China, aunque los datos de esto son muy confusos y en los medios no hay ecuanimidad en referencia a las estadísticas sobre las víctimas que ha causado. Todo ello ha generado una grave alarma de pánico entre la población, previendo que la enfermedad se pueda expandir por todo el planeta, tomando las proporciones de una pandemia. Casos similares los hemos vivido ya con otro tipo de enfermedades, como la ya famosa Gripe A o la Peste Porcina.

Al parecer, y según investigaciones que estarían por confirmar, aunque se han dado datos bastante realistas con  nombres y apellidos de los creadores del virus y con el número de la patente del registro de la propiedad en USA, el coronavirus habría sido creado en los laboratorios de bioinformática Pirbright Institute en 2014. Según algunos datos que estarían por confirmar, todo apuntaría a una amenaza globalista encabezada por el famoso matrimonio de Bill y Mellinda Gates  y la empresa Johnson & Johnson, entre otros , amparados en esta labor por el gobierno de Inglaterra. Al parecer, todo tiene una explicación fácil. Al igual que en otras ocasiones, este virus se habría creado al mismo tiempo que se buscaba en paralelo una vacuna para detener la enfermedad, aunque esto, por supuesto, se habría mantenido en secreto. Posteriormente, se lanzaría el virus en un lugar con una alta densidad demográfica y se extendería el rumor de pandemia y la inminencia de buscar la solución con una «vacuna urgente» (la vacuna ya existente), pidiendo para ello ayudas de fondos a diversos países. Si esto es así es un negocio redondo ¿verdad? Evidentemente, repito, todo son rumores con bastantes visos de ser ciertos. Todos sabemos bien que quien tiene el dinero, tiene el poder en sus manos para hacer lo que quiera y tapar la boca a quien hable más de la cuenta.

La maldad del ser humano ha crecido exponencialmente en proporción de sus conocimientos científicos, siendo mucho más adelantada y terrible que en tiempos de Noe, y, lejos de promover un avance para los hombres y su crecimiento, en muchos casos se ha convertido en un único afán de lucro y en un desprecio de la vida humana sin precedentes. Y si bien Dios prometió no volver a castigar al mundo con un diluvio, no es menos cierto que lo que presenciamos ante nuestros ojos hoy día, con un intento reductor de la población que se inocula desde las escuelas y medios de comunicación, a través de la promoción del aborto, la homosexualidad, la eutanasia, todo ello formas de un abierto maltusianismo, es ya un castigo y de los grandes. ¿Qué nos quedará por ver, si Dios nos da vida?

Pero hoy quiero traer al recuerdo una esperanza para las personas preocupadas y temerosas de lo que pueda ocurrir. Quiero, primeramente, traer aquí un Salmo maravilloso. El Salmo 91

«1. Tú que habitas al amparo del Altísimo y resides a la sombra del Omnipotente, 2. dile al Señor: «Mi amparo, mi refugio, mi Dios, en quien yo pongo mi confianza». 3. El te librará del lazo del cazador y del azote de la desgracia; 4. te cubrirá con sus plumas y hallarás bajo sus alas un refugio. 5. No temerás los miedos de la noche ni la flecha disparada de día, 6. ni la peste que avanza en las tinieblas, ni la plaga que azota a pleno sol. 7. Aunque caigan mil hombres a tu lado y diez mil, a tu derecha, tú estarás fuera de peligro: su lealtad será tu escudo y armadura. 8. Basta que mires con tus ojos y verás cómo se le paga al impío. 9. Pero tú dices: «Mi amparo es el Señor», tú has hecho del Altísimo tu asilo. 10. La desgracia no te alcanzará ni la plaga se acercará a tu tienda: 11. pues a los ángeles les ha ordenado que te escolten en todos tus caminos. 12. En sus manos te habrán de sostener para que no tropiece tu pie en alguna piedra; 13. andarás sobre víboras y leones y pisarás cachorros y dragones. 14. «Pues a mí se acogió, lo libraré, lo protegeré, pues mi Nombre conoció. 15. Si me invoca, yo le responderé, y en la angustia estaré junto a él, lo salvaré, le rendiré honores. 16. Alargaré sus días como lo desea y haré que pueda ver mi salvación».»
Salmos, 91 – Bíblia Católica Online

Después de leer este texto maravilloso del Salmo 91 se nos tranquiliza el espíritu y sabemos que estamos en las mejores manos, en las manos del Señor.

Pero justamente estos días pensaba en un baluarte maravilloso, tal vez olvidado o del cual se desconocen las gracias sobreabundantes que encierra, un bastión dado al mundo por María Santísima a través de su sierva, Santa Catalina Labouré, hija de la Caridad. Sí, amigo, lo has adivinado. Estoy hablando, ni más ni menos que de la Medalla Milagrosa.

Y ¿por qué he pensado en ella justo cuando se habla de esta peste que se cierne sobre toda la humanidad? Hace años leí la vida de Santa Catalina Labouré y por ello vino a mi memoria todo lo que supe a cerca de su vida y de los portentos otorgados a la Medalla Milagrosa.

Cuando Catalina logró, no sin grandes dificultades, el permiso paterno para ingresar en la Comunidad de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paul, en la Rue du Bach de París, a los ojos de las demás religiosas todo transcurría con naturalidad, pero la hermana vivía plenamente arraigada al amor a María Inmaculada, amor que la orden de las paulas profesaba desde los inicios de su fundación. La Virgen, sin duda, quiso favorecer a aquella sierva suya que, tiempo atrás, cuando solamente contaba nueve años de edad,  quedó huérfana de madre. Sintiéndose sola y desamparada del amor materno le pidió a María Santísima la tomara por Madre y a Ella encomendó su vida tomando en sus brazos una imagen de la Santísima Virgen que tenían en la chimenea de su casa paterna. Quizás por este amor profundo que desde niña profesó a la Reina de los cielos fue que se le permitió vivir unos maravillosos hechos sobrenaturales cuando empezó a aparecérsele la misma  Virgen María.

La gran visión de la Medalla Milagrosa.

El 27 de noviembre de 1830, estando en oración en la capilla del convento, Santa Catalina Labouré tuvo una visión de la Virgen María enteramente resplandeciente y que de sus manos derramaba hermosos rayos de luz hacia la tierra. La visión se desarrolló en dos momentos o escenas.

Primer momento: el anverso de la Medalla.

La Santísima Virgen estaba de pie sobre la mitad de un globo terráqueo, aplas-tando con sus pies a una serpiente. Tenía un vestido cerrado de seda, con mangas lisas; un velo blanco le cubría la cabeza y le caía por ambos lados. En sus manos sostenía un globo con una pequeña cruz en su parte superior. La Santísima Virgen, en tono suplicante, ofrecía ese globo al Señor. En sus dedos tenía anillos con piedras preciosas; algunas despedían luz y otras no. Catalina oyó que la Virgen le decía: «Este globo que ves, representa al mundo y a cada uno en particular. Los rayos de luz son el símbolo de las gracias que obtengo para quienes me las piden. Las piedras que no arrojan rayos son las gracias que dejan de pedirme». El globo desapareció entonces, y la Santísima Virgen extendió sus manos, resplandecientes de luz, hacia la tierra; los haces de luz no dejaban ver sus pies. Se formó después un óvalo en torno a la aparición y Catalina vio cómo, comenzando en la mano derecha de la Virgen, pasando sobre su cabeza y terminando en su mano izquierda, se inscribía en semicírculo una invocación escrita en letras de oro: «Oh María, sin pecado concebida, rogad por nosotros, que recurrimos a Vos».

Segundo momento: el reverso de la Medalla.

Luego, el óvalo se dio la vuelta mostrando la letra M, coronada con una Cruz apoyada sobre una barra, y, debajo de la letra, los Sagrados Corazones de Jesús y de María, que Catalina distinguió porque uno estaba coronado de espinas y el otro traspasado por una espada. Alrededor del monograma había doce estrellas. Catalina oyó una voz que le decía: «Haz acuñar una medalla según este modelo. Las personas que la lleven al cuello recibirán grandes gracias; abundantes serán las gracias para las personas que la llevaren con confianza». En diciembre de ese mismo año, Santa Catalina fue favorecida con una nueva aparición en que la Santísima Virgen le reiteraba la orden de hacer acuñar la Medalla según el modelo que le había mostrado el 27 de noviembre, y que volvió a mostrarle en esa nueva aparición.

Simbolismo de la Medalla Milagrosa.

La Medalla Milagrosa es realmente un pequeño y completo catecismo sobre la persona y la obra de la Santísima Virgen.

• EN EL ANVERSO vemos a la Virgen María irradiando luz, con la inscripción: «Oh María, sin pecado concedida, rogad por nosotros, que recurrimos a Vos». Se nos revela aquí explícitamente la identidad de María: Ella es inmaculada desde su concepción. De este privilegio, que le viene de los méritos de la Pasión de su Hijo Jesucristo, proviene su inmenso poder de intercesión que ejerce en favor de quienes le dirigen sus súplicas. Por eso la Virgen María invita a todos a acudir a Ella en cualquier trance. Sus pies en medio del globo aplastan la cabeza de una serpiente. Este globo representa a la tierra, el mundo; la serpiente personifica a Satanás y las fuerzas del mal. La Virgen María toma parte en el combate espiritual, en la lucha contra el demonio y el pe-cado, cuyo campo de batalla es nuestro mundo.

• Los rayos de luz nos recuerdan que todas las gracias divinas pasan por las manos de María para llegar hasta nuestros corazones. Es la Mediación Universal de María, que viene a recordarnos el que sería el Quinto Dogma Mariano. Los quince anillos de sus dedos, ornados de piedras preciosas, son un símbolo de los quince misterios del Rosario, fuente de gracias para quienes los rezan con devoción.

• EN EL REVERSO hay una letra M coronada con una Cruz. La M es la inicial de María, la Cruz es la de Cristo. Los dos signos enlazados muestran el vínculo indisoluble que existe entre Cristo y su Madre Santísima. María ha sido asociada por su Hijo Jesús a la obra de redención de la humanidad, y por su compasión participa del mismo sacrificio redentor de Cristo.

• Bajo la barra vertical de la M se representan dos corazones: el Sagrado Corazón de Jesús, coronado de espinas, y el Corazón Inmaculado de María, traspasado por la espada de que habla Simeón (Lc. 235). La unión del Corazón Inmaculado al Sagrado Corazón significa la Corredención de María, que no es sino la unión de sus dolores a los dolores del Corazón de Jesús, y de sus méritos a los méritos de la Encarnación redentora.

• Alrededor de estos signos sagrados hay doce estrellas, alusión a la gran visión del Apocalipsis (121): «Una gran señal apareció en el cielo: una Mujer revestida del sol, la luna bajo sus pies, y en su cabeza una corona de doce estrellas». Corresponden a los doce apóstoles y representan a la Iglesia. También son figura de los doce principales privilegios de María Santísima.

Difusión y eficacia de la Medalla Milagrosa.

Después de vencer Santa Catalina todos los obstáculos y contradicciones que le había anunciado la Santísima Virgen, las autoridades eclesiásticas aprobaron en 1832 la acuñación de la Medalla, la cual se difundió rápidamente. Fueron tantos y tan abundantes los milagros obtenidos a través de ella, que se la empezó a llamar la Medalla que cura, la Medalla que salva, la Medalla que obra milagros, y finalmente la Medalla Milagrosa.

En febrero de 1832 se declaró en París una terrible epidemia de cólera, que dejaría más de 20.000 muertos. Las Hijas de la Caridad empezaron a distribuir en junio las 2.000 primeras medallas acuñadas a petición del padre Aladel. Las curaciones, así como las protecciones y conversiones, fueron tan numerosas, que el pueblo de París calificó a la Medalla de «milagrosa». En el otoño de 1834 ya se habían distribuido más de 500.000 medallas, y en 1835, más de un millón en todo el mundo. En 1839 la Medalla se había propagado hasta alcanzar más de diez millones de ejemplares. A la muerte de Santa Catalina, en 1876, el cómputo superaba los cien millones de medallas.

La Iglesia aprobó la Medalla, primero, de manera genérica, y luego, habiendo estudiado minuciosamente las diversas circunstancias de sus múltiples manifestaciones, le concedió una Misa especial para el 27 de noviembre, día en que Nuestra Señora la manifestó y mandó acuñar. Esta Medalla, que parece un signo irrisorio, ha manifestado indiscutiblemente, por los milagros espectaculares realizados a través de ella, que quien vino desde el cielo para dárnosla no es otra que la Virgo potens, la Virgen todopoderosa. «Parece ser que no hay enfermedad que se le resista. A su contacto, súbitamente o después de una novena, vemos desaparecer la locura, la lepra, el escorbuto, la tuberculosis, los tumores, la hidropesía, la epilepsia, las hernias, la parálisis, la fiebre tifoidea y demás fiebres, el chancro, las fracturas, la escrófula, las palpitaciones de corazón, el cólera. En el orden espiritual se da la misma variedad: conversiones de pecadores endurecidos, de protestantes, de judíos, de apóstatas, de incrédulos, de masones, de malhechores, de comediantes. Una tercera categoría engloba los hechos de protección y de preservación: la Medalla limitó los efectos desastrosos de la guerra, y evitó naufragios, accidentes y duelos». (Padre Coste).

Algunos casos  que demuestran la eficacia de portar la Medalla Milagrosa con fe.

Los casos que referimos a continuación son evidencias médicas, aunque, como ya dijimos, la Medalla no solo ayuda en las enfermedades corporales. También en todo tipo de desgracias, calamidades y en las enfermedades del alma.

Cuando en 1832 llega del este de Europa la epidemia del cólera, se produjeron, solamente en Francia, la cantidad de 100 mil muertes. Para ese momento la Medalla empezaba a distribuirse. Los miembros de la congregación comenzaron a llevar la Medalla y no contraían el cólera, pese a exponerse sobradamente a los peligros de la epidemia, socorriendo a los enfermos. Este hecho se conoció y creció el número de las personas que la llevaban y se multiplicaron las cartas de gratitud a la Santísima Virgen que atestiguaban la protección recibida en muchos otros países.

Es muy conocido el caso de una escuela de la Plaza del Louvre. Todos los niños de dicha escuela portan la Medalla, excepto Caroline Nenain, de ocho años de edad, perteneciente a la parroquia de Saint Germain Auxerrois. Dicha pequeña contrajo la mortal enfermedad, no así nadie en la escuela se contagió. Al día siguiente, la pequeña recibe con gran piedad la Medalla Milagrosa y curada, vuelve a clase con sus compañeros.

También se conoció el caso de una señora de la diócesis de Meaux a quien también alcanzó la fatal epidemia del cólera. Estando desahuciada y en vísperas de dar a luz, recibe la Medalla Milagrosa. Portentosamente nace una bella niña, totalmente saludable y su mamá queda totalmente curada.

Existen cientos y cientos de casos que podríamos documentar, pero para muestra bien vale un botón, como suele decirse.

Queridos amigos, nuestra bella Madre, María, viene siempre en nuestro socorro. No temamos nada. Si Dios siempre estuvo con su Pueblo en el Antiguo Testamento, después quiso mandarnos a su Santísima Madre como Arca de la Nueva Alianza y portadora del Tesoro de su Hijo Jesucristo, y Ella tiene la llave de su Corazón. Nos ha demostrad asistirnos con creces cuando vivimos con fe y confianza en su inestimable amor y patrocinio. Por tanto, no olvidemos llevar con fe la Medalla Milagrosa e invoquemos a María con la frase que más le gusta y con la confianza de ser atendidos en todas y cada una de nuestras necesidades y angustias:

¡Oh María, sin pecado concebida,

rogad por nosotros que recurrimos a Vos!

Montse Sanmartí.

 

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