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EL RHIN DESEMBOCA EN EL AMAZONAS

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El Rhin desemboca en el Amazonas. Descargue el documento en formato PDF.

 

“¡Que Dios les perdone lo que han hecho!”

(Card. Bergoglio, al ser supuestamente elegido papa el día 13-03-13)

Juan Suárez Falcó

 

  1. La premisa necesaria para entender lo que está pasando en la Iglesia: Bergoglio no es papa

Queridos hermanos en la fe, me acabo de leer el Instrumentum Laboris (IL) del Sínodo amazónico. Me ha costado muchísimo. Lo he postergado todo lo posible, porque ciertamente mi alma se resiente cuando uno se fuerza a leer algo tan flagrantemente anticatólico.

He querido ilustrar este artículo con la imagen de San Juan Diego, nativo mejicano, sosteniendo la tilma con la imagen de la Virgen de Guadalupe,  porque es el modelo de católico americano que detesta Bergoglio, un católico cabal que, dejando los rituales y el paganismo de su pueblo, se convierte con toda su alma a la única Verdad, Cristo, y se inserta de lleno en la Iglesia católica, es decir, universal.

Vayamos, pues, al cuerpo del delito, no sin antes hacer una pequeña introducción.

Sabemos que Bergoglio no es papa. Lo llevamos diciendo desde el primer momento en esta bendita web Como vara de almendro. Él es un masón luciferino, crytojudío, usurpador del trono de Pedro, ya que la renuncia de BXVI al ministerium papal, reteniendo el munus (algo imposible canónicamente), es nula de pleno derecho. Y nulo es, por tanto, todo lo ocurrido después de dicha “renuncia”. Frente a ello no cabe alegar que la universal aceptación de Bergoglio como papa haya convalidado los posibles vicios de su elección. Por dos razones:

  • En derecho canónico (y en el Derecho en general) los vicios de nulidad nunca son convalidables, algo solo posible en los vicios de anulabilidad, en los errores materiales, aritméticos o formales o en las irregularidades no invalidantes. Los vicios de nulidad tienen, además, efectos ex tunc, es decir, desde que se produjeron, por lo que la invalidez de la renuncia (deliberada, a mi juicio, por parte de BXVI) anula la elección posterior de Bergoglio, siendo nulo el Cónclave donde fue elegido y una farsa (y por eso allí no se presentó el Espíritu Santo, sino el espíritu maligno, el que inspiró en los corazones de muchos cardenales electores su designación como aparente papa).
  • No hay tal supuesta universal y pacífica aceptación de Bergoglio como papa. Una pequeña parte de católicos, entre los que me encuentro, sabíamos, por pura gracia, que la masonería eclesiástica quería ya meter al falso profetaen vida de JPII (en aquella época, el Card. Martini), cuando estaba tan enfermo de párkinson, obligándole a renunciar (renuncia que hubiera sido igualmente nula por ser obtenida con miedo insuperable). Pero JPII, sabiendo lo que querían hacer, se mantuvo firme sin dimitir. Luego sabíamos que lo iban a intentar con BXVI.

El propio Benedicto también lo sabía, y ese contexto amenazador ilumina su frase en la misa de entronización papal, cuando avisó “Rezad para que no huya por miedo a los lobos”. Cuando la Mafia de Saint Gallo, los poderes financieros mundiales, la masonería y el judaísmo anticristianos, el Gobierno USA y otros poderes ocultos le presionaron para que dimitiera – con intento de asesinato incluido-, BXVI ideó una manera de dimitir sin dimitir: una aparente renuncia, pero con una sutileza jurídico-canónica de suficiente calado como para hacerla nula y o subsanable o convalidable. De esa forma, con esa jugada maestra a la desesperada, conseguía hacer creer a los mafiosos que ya no era papa y que tenían la puerta despejada para poner al usurpador masónico y satánico en el trono de Pedro (Bergoglio). Pero, a la vez, él sabía que seguía siendo el papa, siendo nula su renuncia, de forma que quedó en el Vaticano vestido de papa, con solideo, piscator, pectoral, y firmando sus escritos con la apostilla “Su Santidad”, “Pastor Pastorum” e incluso “Con mi bendición apostólica”, lo que solo puede hacer el papa reinante. Desde el año 2013, además, ha concedido entrevistas, prologado libros, enviado cartas y haciendo públicos documentos para advertir y corregir a Bergoglio, avisos sutiles, para los que lo quieren ver, de que no va a permitir que subvierta el magisterio de la Iglesia. Recuerden la fenomenal carta de 19 folios que hizo pública en un periódico alemán en Semana Santa, echando por tierra Amoris Laetitia y recordando el magisterio imperecedero de los actos intrínsecamente malos.

Por tanto, no hay tal universal aceptación de Bergoglio como papa. Pero es más: aunque la hubiera habido, tal aceptación nunca podría subsanar un vicio de nulidad canónica, por la misma razón que un cura inválidamente ordenado no es cura por mucho que se le tenga por tal. O que un matrimonio nulo no se sana de raíz si permanece la causa de nulidad, aunque todos lo tengan por válido. El derecho nada tiene que ver con la democracia. Lo que es, es, aunque aparente ser otra cosa. Y en la historia de la salvación tenemos suficientes ejemplos en los que mayorías casi unánimes se han equivocado, a pesar de lo cual el error no desaparece, aunque sea aceptado por todos o casi todos: así, la casi unánime adoración del becerro de oro en el desierto no canceló la divinidad de Yahvé como único Dios; o el hecho de que 10 de los 12 exploradores de la tierra prometida acobardaran al pueblo de Israel para que no entrasen, por miedo a sus habitantes (salvo Josué y Caleb), no hizo que Moisés desistiera de ello. O la casi unánime petición de los judíos ante Cristo en el Pretorio, gritando “Crucifícalo”, “Caiga su sangre sobre nosotros y nuestros hijos”, no eliminó su mesianidad ni la promesa de la conversión del pueblo judío, antes de la Parusía (no sin antes adorar al Anticristo como mesías, dentro de poco). O la universal adhesión del clero y de la jerarquía al cisma arriano, salvo San Atanasio, Hilario de Poitiers y pocos más, no cambiaba, por sí misma, los dogmas de la Iglesia ni la doctrina católica sobre la divinidad de Cristo. Etc.

La verdad nunca puede ser ocultada o sepultada por el error, aunque la parte que apoye la mentira sea unánime o casi unánime. Sí podrá oscurecerla, disfrazarla y ocultarla a los ojos de muchos, como ocurre ahora, cuando la inmensa mayoría de los bautizados tienen por papa a Bergoglio. La verdad es la verdad. Bajo la cruz solo había 4 personas, aunque a los ojos de todos aquél que pendía de ella les hubiese decepcionado y aparentaba ser un farsante y un blasfemo, por proclamarse Dios. ¿No ocultaba la humanidad de Cristo su divinidad? Y sin embargo solo unos pocos lo sabían y le creyeron. Y si esto ocurrió con Cristo, igual debe ocurrir con el falso profeta, que aunque aparente ser papa (tiene dos cuernos como un cordero, la mitra), habla como lo que es, un dragón (Apoc. 13, 11 y ss.). Y ello no le convierte en papa, sobre todo sabiendo que existe un papa vivo con todos los atributos del papado, en el mismo Vaticano, BXVI.

Al respecto de esto, conjurando el argumento de que la universal consideración de Bergoglio como papa le hace papa, a pesar de los defectos de la renuncia y de su nombramiento, aconsejo vivamente la lectura de este excepcional artículo de Michael Steenbergen:

 https://comovaradealmendro.es/wp-content/uploads/2019/04/%C2%A1ES-LA-HORA-2.pdf

  1. Llueve sobre mojado: el torrente de barro bergogliano

Después de seis años y medio del falso reinado del Card. Bergoglio, ningún católico honesto puede decir que no ocurre nada la Iglesia. Al contrario. Porque si hiciéramos el experimento del jurista persa y cogiésemos a un católico de la calle o del agro del s. I, o del s. IV, de la Edad Media, o del s. XIX y le trasladásemos a 2019, haciéndole ver y escuchar las cosas que hace y dice Bergoglio a diario en la Iglesia, de seguro se echaría las manos a la cabeza, clamando por las calles: ¡“Herejía”, “Anatema”!

Incluso un católico fiel de hace veinte años sentiría dentro de su pecho una instintiva repulsión por la displicencia, el empacho, el ataque a los dogmas, la frialdad en la oración y la adoración, la contradicción permanente entre lo que dice y hace, el insulto fácil, la ambigüedad constante, la simpatía por los enemigos de la fe, la falta de respeto litúrgico, … de la que hace gala quien debería defender a la Iglesia y el depósito de la fe con fervor y celo, y que, sin embargo, cada día trabaja afanosamente para demolerla.

A estas alturas, la lluvia y aquellos polvos son ya un torrente de barro. Nadie puede dejar de ver que no son errores culposos o por ignorancia los que impulsan el “magisterio” y la pastoral mortíferos de Bergoglio – algo que explicaría un yerro ocasional pero no una línea constante de ataques a la ortodoxia, ahora como supuesto papa y desde hace décadas en Argentina_. Al contrario, se ve en él una firme resolución, un propósito doloso y constante, una intención deliberada de destruir los pilares de la doctrina mediante el empleo de una pastoral desviada, ejercida por medio de escritos ambiguos, plagados de errores conscientes, equidistancias medidas, omisiones de la Verdad completa, citas tergiversadas de santos y de Encíclicas, así como entrevistas informales y formales, discursos improvisados y preparados, fotografías comprometedoras, gestos y toques inequívocamente masónicos realizados antes las cámaras en todo sitio y lugar, recepciones a personas infames a quienes nunca llama a la conversión junto con el contrario rechazo y desdén hacia personas de fe concreta y valiente, etc.

Y, lo que a todo católico debería hacer sospechar: el no arrodillarse nunca ante la Eucaristía (ni en Roma ni desde hace décadas en Argentina), a pesar de hacerlo cotidianamente ante los mártires protestantes de Uganda, en actos ecuménicos, para lavar los pies a transexuales y emigrantes, etc.; esa mirada torva y desafiante cuando alza la hostia consagrada en la misa o contempla cualquier estatua de María Santísima; o el no rezar nunca en voz alta el rosario en público, en las ocasiones en que ha tenido que hacerlo para acompañar las oraciones de los fieles (en Roma, en Fátima, etc.), limitándose a mascullar solo algunas palabras, con clarísimo fastidio, y pensando quién sabe qué (nos tememos lo peor).

Todo esto ya lo sabemos, lo tenemos constatado nosotros y otros muchos autores católicos (e incluso no católicos) y ya a nadie debe coger por sorpresa.

Pero ahora estamos en un capítulo más grave aún. Después del Sínodo de la Familia, que los hombres de Bergoglio dirigieron para redactar una Relatio post disceptationem terrible, en la que metieron temas heréticos que no tuvieron el respaldo en votos necesario y que dio lugar a la mayor herejía introducida en la Iglesia desde Arrio (la posibilidad de que dos adúlteros que convivan more uxorio puedan comulgar), Bergoglio quiere dar un paso más en su satánico empeño. Ahora, con el Sínodo de la Amazonía se trata de introducir el paganismo y el indiferentismo religioso en el corazón de la Iglesia, sin ambages. Aunque mientras viva BXVI no podrán hacerlo de manera expresa, sino que lo intentará de nuevo por medio de la pastoral. Ellos saben que BXVI levantará la voz si del Sínodo saliese un engendro del infierno, como habló en Semana Santa contra las falsas raíces de la pederastia proclamadas por Bergoglio (el supuesto clericalismo), por lo que necesitan silenciarle. No les crean si dentro de poco dicen que BXVI ha muerto, porque le tendrán secuestrado. Recuerden que se los he dicho.

  1. ¿Por qué ahora un Sínodo amazónico?

 

La misma Introducción deja meridianamente claro que ha sigo Bergoglio quien quiso convocar este Sínodo, anunciándolo el 15 de octubre de 2017. Bergoglio necesitaba reducir el ámbito territorial del Sínodo para que la Iglesia africana, norteamericana o europea (que mantienen cardenales potables y capaces de oponerse a nuevas herejías) no parase ni modificase la previsiblemente heretodoxa Exhortación postsinodal que se espera.

Y es que la Iglesia católica de América del Sur ha sido plenamente devastada en las últimas décadas por tres fuerzas externas anticatólicas e igualmente agresivas:

  • Las sectas protestantes evangélicas, introducidas y financiadas por los sucesivos Gobiernos de los Estados Unidos de América, desde la posguerra hasta hoy.
  • La teología de la liberación – es decir, el comunismo -, introducida por la KGB y la URSS desde los años 60 del s. XX.
  • Y la teología iluminista y modernista, en la medida en que la rica y desviada Iglesia católica alemana ha financiado con ríos de dinero los seminarios y Facultades de Teología de Hispanoamérica, perdidos desde hace décadas para la sana doctrina y de los que salen sacerdotes herejes que contaminan al fiel pueblo hispano americano.

La pregunta del millón es: ¿Por qué se prefiere América del Sur como lugar teológico y no África, teniendo ambas un mismo sustrato indígena, y supuestamente, los mismos problemas de explotación colonial y capitalista que denuncia el Instrumentum Laboris? Es decir, ¿por qué no se ha hecho un Sínodo africano y sí un Sínodo amazónico, sabiendo, además, que en África se está dando un problema de emigración hacia Europa que hubiera motivado con más razón si cabe la elección de ese otro ámbito geográfico para un Sínodo? La respuesta es clara: la Iglesia africana es un bastión de la ortodoxia, mientras que el protestantismo, la teología de la liberación, la heterodoxia alemana (el Rhin desemboca en el Amazonas, diríamos) y la mafia lavanda cabalgan a sus anchas, ay, en la otrora valiente y ejemplar Iglesia hispano-americana del Sur. No por casualidad comienza ahora también en Alemania un “camino sinodal” en el que la Iglesia alemana pretende discutir dogmas de la Iglesia. Ambos Sínodos actuarán a la vez, a modo de pinza, para forzar a un cambio de paradigma, al que, evidentemente no se opone Bergoglio, a pesar de su fingido enfrentamiento con el Card. Marx, para engañar a los incautos. Bergoglio aparentará oponerse a los alemanes díscolos para atraerse la obediencia del sector de la Iglesia que recela de él y que cree que es papa, al tiempo que con la otra mano fomenta las herejías amazónicas y promueve cismas en USA y en la misma Alemania. Mientras más cismas, mejor, para destruir mejor la Iglesia católica.

América del Sur, patria de Bergoglio, está lo suficientemente podrida eclesialmente, con honrosas excepciones, como para dejarse iluminar por la luz luciferina de este Sínodo y por sus representantes episcopales llamados a Roma. El Sínodo no se celebrará en Manaos, Paraguay o Colombia, sino en la capital de la Iglesia, porque, desde ahí, se puede instilar mejor el veneno mortal en las venas de la Iglesia.

  1. El Instrumentum Laboris: un documento tan manifiestamente herético que está pensado para provocar un cisma

 

Hasta ahora, el corpus doctrinal bergogliano estaba milimétricamente calculado para meter cuñas heréticas que construyesen un nuevo Evangelio y un nuevo Cristo, a modo de ídolo. Son documentos expresamente heterodoxos, que permitieran (y a fe que lo hacen) una pastoral que impugnara la doctrina de siempre, táctica sibilina de la serpiente, desde 2013.

Por eso mismo me ha sorprendido la abierta heterodoxia del Instrumentum Laboris, su procacidad mundana, su patente contradicción con el magisterio de la Iglesia, desde el principio al final. Por así decirlo, Bergoglio se ha quitado la careta y muestra aquí, con toda su descarnada fealdad, lo que rebosa en su corazón, su teología aberrante y anticristiana. El Instrumentum Laboris es un amasijo ominoso de herejías: paganismo arrebatado, indiferentismo religioso radical, gnosticismo New Age, pauperismo, americanismo, comunismo, etc.

Esta manifiesta sucesión de herejías y blasfemias contra la Revelación no está pensada, entonces, para pasar medianamente desapercibida, de forma que solo los oídos católicos mejor entrenados pudiesen percibir como malsonantes sus propuestas. No. Ahora la estrategia parece haber cambiado. Todo en él es tan contundentemente anticristiano que pareciera estar pensado para suscitar, deliberadamente, una abierta oposición por parte de los cardenales, obispos, sacerdotes y laicos honestos que aún no habían dado la cara en estos seis años de destrucción eclesial. Y, de hecho, esa oposición ya se ha hecho notar, pues son muchos los jerarcas que han hablado alto y claro para denunciar que el Instrumentum Laboris no es católico. Y no permitirán que, de nuevo, se les engañe para sacar otra Exhortación postsinodal destructiva. Brandmüller, Müller, Urosa, Azcona, Burke, Schneider, Chaput, D. José Luis Aberasturi, Thomas Stark etc. lo han criticado ya abiertamente diciendo que su teología no es cristiana.

Es decir, este Instrumentum Laboris está pensado a modo de engendro, de semilla del mal, de huevo de la serpiente, porque de él nada bueno puede salir sino un monstruo, al que tendrán que oponerse, si son católicos, los presbíteros y seglares que amen a Cristo y que tengan dignidad de no obedecer al error. Se busca el cisma, se lo provoca y se le alienta. Y encima, con la desfachatez de tener que escuchar de su boca, en el vuelo de vuelta de Mozambique, que no quiere un cisma con la fiel Iglesia norteamericana (que ha alzado la voz más que ninguna), pero que no le teme. Traducido sin el filtro viperino: “Busco el cisma y lo vais a tener, porque quiero destruir la Iglesia con todos los cismas posibles”.

  1. El Instrumentum Laboris: doctrina de demonios

 

Un católico medianamente formado y sincero no puede leer el Instrumentum Laboris sin escandalizarse. Reboza, desde la primera línea hasta la última, en partes iguales, una patológica aversión a la conquista y evangelización española y portuguesa de América; un odio atroz hacia la Iglesia católica y a Cristo como único camino de salvación de la humanidad; un paganismo cerril, según el cual los pueblos aborígenes son depositarios de un saber ancestral en el que Dios se ha encarnado, aunque sus rituales sean abiertamente satánicos (por su creencia en espíritus inmundos que, sin embargo, el IL tiene como divinos y benéficos); un gnosticismo galopante al estilo New Age, que llama Madre a la Tierra, que considera que todo está interconectado como un sistema personificado, en el que Cristo sobra y molesta; un comunismo latente que recorre como un nervio, sin rubor, todo el documento y que se descubre aquí y allá por el rencor no disimulado al libre mercado y en expresiones clásicas de la teología de la liberación.

Todo revestido de inculturación, de protección ambiental, del mito del buen salvaje, de un supuesto mundo prístino donde no hay sombra del pecado original y del que la Iglesia tiene que aprender… de materialismo ateo y de lucha de clases (el pueblo aborigen, subyugado, debe liberarse de la esclavitud occidental; y las mujeres también, de paso), de manera que al aborigen solo se le ofrecen soluciones temporales y materiales para liberarle de su esclavitud temporal y nunca del pecado.

Y además, trufado de citas tergiversadas, autocitaciones a documentos bergoglianos a modo de sistema cerrado e impermeable y de propuestas inmamentistas que ruborizan, por su carácter abiertamente secular y nunca espiritual, etc. Pero lo verdaderamente satánico, donde se echa de ver la cola ssserpentina, es en el lenguaje edulcorado, emotivista y aparentemente ingenuo con el que se nos quiere hacer pasar lo malo por bueno, lo amargo por dulce y el veneno por agua vivificante.

En suma, el IL es doctrina de demonios. Porque no otra cosa es el americanismo, la herejía de la acción, la dejación de los dogmas y de la oración como ascesis para poder alcanzar el Cielo ya que, ¿quién necesita Cielo cuando supuestamente ya lo tienen los indígenas en la Amazonía? Es la Iglesia la que debe dejarse evangelizar por estos supuestos seres angelicales y no al revés: ellos no entenderían la Eucaristía, ni la culpa, ni el pecado. La Iglesia debe “acompañarles” en sus pecados, en su idolatría de la naturaleza, y no pretender evangelizarles con el cuento de la encarnación, pasión y muerte de Cristo. A fin de cuentas, sus rituales y costumbres purísimos y virginales son un camino para su salvación. E cosí via…

La propia Introducción falsea el propósito del Sínodo. Se reclama la necesidad de “escuchar al Pueblo de Dios”, cuando se trata en realidad de un nuevo golpe de Estado en el magisterio, llevado a cabo por las élites de la masonería eclesiástica (los redactores del IL y los conductores del Sínodo, Baldisseri, Grech, Hummes, Braz de Avis, etc. lo son), tristes personas que se han echado en manos de Lucifer, para arrebatarles a los fieles la Verdad que les permitiría salvarse. No por casualidad el mismo Bergoglio ha invitado al Sínodo a sus amigos abortistas iluministas Ban Ki-Moon, Hans Schellnhuber o Jeffrey Sachs, los mismos que aplaudieron la Encíclica Laudato Sí cuando les invitó igualmente a su presentación en Roma, documento que inició el relato que ahora se pretende desarrollar en este Sínodo. Y, cómo no, en el marco del falso dogma del cambio climático antropogénico, impulsado por el Nuevo Orden Mundial para imponer una dictadura mundial que estará a las órdenes del Anticristo y de la ONU, a la que Bergoglio dice sin embozo que los cristianos tenemos que obedecer (véase numeral 9): https://www.vaticannews.va/es/papa/news/2019-09/papa-francisco-rueda-de-prensa-vuelo-regreso-africa0.html

Veamos ahora cuáles son las cinco patas de la apostasía que plantea el IL:

  1. Paganismo

El IL hace constante referencia a los “espíritus” de la selva, como si fuesen buenos y venerables (véanse los numerales 24, 75 y 120). La teología nos enseña que se trata de ángeles caídos que habitan en estos lugares pantanosos y que son invocados por chamanes y brujos locales, que les poseen tras ceremonias tribales de música y conjuros paganos. No, no es el Dios creador el que asoma en estas culturas y tradiciones, sino el ángel caído, disfrazado de ángel de luz. Como nos han dicho siempre los exorcistas, la hayahuasca y otras drogas extraídas de plantas y raíces de estas zonas abren la puerta a posesiones por parte de estos espíritus e incluso a la muerte.

 

El amor al paganismo corre, naturalmente, en paralelo con el odio a España, que es visceral en Bergoglio. Lo ha demostrado en varias anécdotas, como cuando dijo aquello del grito liberador que recorría América tras la descolonización. O como cuando se rió del bastón de Santa Teresa. O como dijo, de manera escandalosa, hace poco, que solo vendría cuando hubiera paz (¡!). Pues bien, el documento hace constantes y veladas acusaciones a España por la conquista y evangelización de América, la más grande hazaña de la historia de la Iglesia y de la humanidad. Gracias a ella se acabaron los rituales caníbales de los pueblos indígenas, los sacrificios humanos de cientos de personas al día a Satanás en los pueblos mesoamericanos (el “dios” serpiente Quetzatcoalt o el “dios” Sol Uitzilopochtli) y se evangelizó un continente entero, desde California a tierra del fuego. Y uniendo su sangre con los pueblos nativos, de igual a igual, algo de lo que no pueden presumir los pueblos anglosajones, tan caros a Bergoglio, que exterminaron a toda la población indígena de América del Norte.

Son especialmente sangrantes las palabras de los numerales 6 y 38, donde acusa a España de que el anuncio de Cristo lo hizo en connivencia con los poderes que explotaban los recursos y oprimían a las poblaciones y de crímenes contra la población indígena, que, salvo algunos episodios reales de abusos, fue protegida con todo celo por la Corona española (véase el Codicilo de la reina Isabel), al tiempo que calla ominosamente la masacre que sí supuso la conquista de América del Norte por parte de los ingleses. El balance de la evangelización española en América es infinitamente superior a las corrupciones de algunos de sus hombres, implantando una Iglesia fuerte, ortodoxa y caritativa con los indígenas (recordemos las misiones y reducciones de indios) y más necesitados y creando sociedades mixtas en las que España se abrió las venas para derramar lo mejor que tenía: su fe, su derecho y su lengua. Pues bien, a pesar de esa labor titánica, el IL cree que la Iglesia ha estado cruzada de brazos en América del Sur en estos últimos 5 siglos y no les ha evangelizado adecuadamente, por lo que necesita de esta “nueva evangelización” herética en la que, de manera brutalmente contradictoria, no hay nada ni nadie al que evangelizar (nº. 100).

 

Ruboriza ver cómo se tergiversa nada menos que a Melchor Cano y su excelsa teología sobre los “lugares teológicos” (De locis theologicis), que están en las antípodas de lo que el IL dice, queriendo convencer a los pobres cristianos que ignoren su obra de que el Amazonas es uno de esos lugares. Para el IL, en general, el paganismo de sus pueblos aún no evangelizados es bueno o, mejor dicho, el paganismo de los pueblos amazónicos ya evangelizados pero a los que estas corrientes heréticas de la teología de la liberación y del indigenismo les están haciendo volver a marchas forzadas a sus ritos precolombinos, que ya tenían olvidados, haciéndoles reos de un pecado contra el Espíritu Santo, porque rechazan la Verdad ya conocida, y que llevaron de forma heroica los misioneros españoles y portugueses desde el s. XV. Se convierten así en cerdas lavadas que se vuelven a revolcar sobre el barro, en perros que vuelven a su vómito, a la vez que se les aplaude y se les hace reos de condenación, prosélitos del río de agua sucia que vomita el dragón (Apoc. 12, 15 y 16).

Como tal cosa es una aberración, el IL necesita retorcer el significado real de expresiones católicas, a las que se las vacía de sustancia y rellena de un significado anticristiano. Sí, es la neolengua de la que nos advertía Orwell, aquí elevada a una perversión magistral, que entra de lleno en la blasfemia. Así, expresiones como “epifanía”, “vida”, “gracia”, “nuevo pentecostés”, “espiritualidad”, “iglesia profética”, “ecología integral”, “conversión ecológica”, “salud”, “mártires”, etc… son vaciadas de su contenido tradicional y rellenadas de ideología, para acabar designando cosas contrarias a su sentido cristiano de siempre, para llevarnos a un nuevo entendimiento, según el cual el Amazonas, sus habitantes y rituales son bendecidos por Dios y el Espíritu Santo, aunque tales rituales y ceremonias sean expresiones del naturalismo pagano y, por tanto, de idolatría, porque desde siempre Satanás se hizo adorar en la creación, – para quitarle honor al Creador -, bajo forma de piedras, árboles, ríos, animales… y sus espíritus (Sabiduría, 13).

 

  1. Gnosticismo y Nueva Era

 

El IL es un auténtico pandemónium. El aderezo de este brebaje, para que entre mejor en las mentes poco formadas, es la emotividad de los pegajosos conceptos de la Nueva Era. Son varios los pasajes del IL que remiten a un mundo personificado en la Tierra como Madre, en un sistema en el que todos los seres están “interconectados” y en “armonía” en ese ser superior que no es Dios, desde el “hermano árbol, a la hermana flor, a las hermanas aves, a los hermanos peces, y hasta a las hermanitas pequeñas como las hormigas, las larvas, los hongos o los insectos” (nºs. 12, 16 y 20). Toda esta herejía orientalista fue debidamente refutada por el Documento “JESUCRISTO
PORTADOR DEL AGUA DE LA VIDA”.

 

  1. Indiferentismo religioso

 

Bergoglio, desde la usurpación del solio de Pedro, ha hecho alarde infatigable de la herejía del indiferentismo, según la cual todas las “religiones” son caminos válidos para alcanzar la salvación, negando así la exclusividad de Cristo como único nombre que se nos ha dado bajo el Cielo para ser salvos. Y así, en un alarde jamás visto de odio a la Iglesia, la tilda de “actitud corporativista”, por “reservar la salvación exclusivamente al propio credo” (nº. 39). ¡¡!! No hay palabras. Si no lo supiéramos ya, cualquier persona católica que lea esto debe darse cuenta de que Bergoglio no es católico, un hijo de las tinieblas, porque ya lo dice la Biblia:

“No hay salvación en ningún otro, pues bajo el cielo no se ha dado a los hombres otro nombre por el que debamos salvarnos(Hech. 4, 12)

 

Renegando de Cristo, el IL acusa a la Iglesia católica de exclusivista, deforma el concepto de “semillas del verbo” (a las que prefiere en lugar del árbol completo que es la Iglesia) y nos quiere hacer creer que la teología indígena es querida directamente por Dios, como un camino válido de salvación. La lectura de los numerales 39, 94 y 98 pone los pelos de punta, porque desprenden una teología que vuelve a crucificar a Cristo y a enterrarle, para que no resucite, bajo el légamo amazónico.

Y así, se dice que hay que tener en cuenta una “teología india amazónica” (o “ecoteología”), que suponga el respeto a “los mitos, tradiciones, símbolos, saberes, ritos y celebraciones originarios que incluyen las dimensiones trascendentes, comunitarias y ecológicas”. Se rechaza, pues, el magisterio inmutable de la Iglesia, en aras del progresismo espiritual y del relativismo religioso, donde cada país, nación o realidad social tenga su propia Iglesia nacional o doctrina propia, al estilo protestante. Para Bergoglio, pues, la evangelización de América estuvo plagada de “errores históricos” (nº. 98.3, d). Y es que Satanás es poco creativo en sus herejías, pues siempre saca de sus profundidades lo viejo, haciéndolo pasar por nuevo:

 “Dicho rostro nos advierte del riesgo de “pronunciar una palabra única [o] proponer una solución con valor universal”. Ciertamente la realidad sociocultural compleja, plural, conflictiva y opaca impide que se pueda aplicar “una doctrina monolítica defendida por todos sin matices”  (nº. 79).

 

En el mismo sentido, véase el nº. 127. Y por esa misma razón, el numeral 138 del IL ensalza la labor de, suponemos, las comunidades de evangélicos y testigos de jehová que están haciendo prosélitos en la Amazonía (a estos no les afea su proselitismo, por cierto), justamente porque no imponen “censuras” ni “dogmatismos o disciplinas rituales”.

Otro latiguillo permanente es el “diálogo”, como si el paganismo tuviera algo que enseñarle a la Iglesia. El diálogo, ese concepto tan querido por la masonería con el que se agua la Verdad, reduciéndola a consenso con el error… Y es por ello por lo que se llega a la majadería de decir que la Iglesia, entonces, debe “desaprender” lo aprendido, para dejarse enseñar por los indígenas. Esto es, la Iglesia docente debe convertirse en discente, dejándose “evangelizar” por los rituales y ceremonias nativas. ¿Cabe una mayor blasfemia? Recordemos cómo el papa BXVI advirtió a Bergoglio de que la evangelización no puede ser reemplazada por el diálogo: http://www.infocatolica.com/?t=noticia&cod=22284

 

  1. Americanismo-latitudinarismo-teología de la liberación-inmanentismo

La mayor parte del IL son consignas ecologistas para una vida terrena, absolutamente fuera de la doctrina social de la Iglesia. Un panfleto que bien podría haber firmado una Agencia de la ONU, una ONG o un político populista. Decenas de numerales se limitan a una visión materialista del hombre. No hay en él un enfoque espiritual de la vida cristiana ni de la necesidad de la liberación del pecado, sino pura y dura teología de la liberación de corte marxista, escondida bajo la veste de comunitarismo (todo se comparte, los espacios privados son mínimos, dice el nº. 24), teología del pueblo y ecologismo. Bien sabemos que el marxismo, tras Gramsci, mutó en estos otros elementos, igualmente preñados de lucha de clases y de enfrentamiento con el orden jurídico y teológico.

Para empezar, hay que decir que el nuevo caballo de batalla del marxismo, en todo el orbe y desde hace décadas, es el ecologismo. No se trata de una lícita protección del medio ambiente sino de un enfoque del mundo que personifica a la Tierra como Madre (la expresión “Madre tierra”, con toda su carga antimariana, aparece por doquier) y que acusa al hombre de ser un parásito que degrada nuestro planeta, un animal más pero peor que el resto de las bestias, al que hay que descastar (de nuevo, la ideología de la muerte) para que no acabe con nuestro entorno. Esa sospecha sobre el hombre subyace en todo el IL, pero se disfraza de lucha contra el capitalismo, tan odiado por los teólogos de la teología de la liberación y del pauperismo. Sí, los pobres, a los que hay que liberar de su pobreza, pero no de su pecado, en la manida expresión marxista de la “opción preferencial por los pobres”, que rechaza el “los pobres son evangelizados” (Lc. 7, 22; Lc. 4, 8; Is. 61, 1) y el “la Verdad os hará libres” (Jn. 8, 31) por la liberación del cuerpo proporcionada por un plato de lentejas, al estilo de Esaú, o por el potaje del que se acordaban los israelitas cuando vivían en la idolatría en Egipto).

Esta teología de la liberación, condenada por JPII, supone un enfoque marxista de la vida de los pueblos amazónicos: ellos están sometidos y explotados por los occidentales (en concreto, la Amazonía, desde 1492) y necesitan liberarse de su yugo y volver a sus ritos precolombinos. En ese sentido, Bergoglio ya habló con toda intención de ese “grito de libertad” de la independencia de las naciones americanas de España, que cualquier persona formada sabe que salió de las logias y que solo supuso el saqueo de los indígenas por parte de élites iluminadas y anglófilas: https://www.elmundo.es/internacional/2015/07/07/559c166fe2704e79098b458d.html. En esta línea atea, el IL demoniza todo lo occidental, como si todo en esta cultura nacida de la filosofía griega, del cristianismo y del orden romano fuera malo y no la luz del mundo.

Solo desde esta premisa ideológica falsa se puede decir que las migraciones se producen por la explotación de las multinacionales, al tiempo que se olvida el enorme río humano que sale de Venezuela, huyendo del comunismo atroz de Maduro (numeral 65).

Otro de los fenómenos teológicos en que se ha transmutado el comunismo ha sido el indigenismo. Proteger a los pueblos aborígenes está bien, pero exaltar su cultura y sus tradiciones como algo impoluto (como si el pecado original no las hubiera estropeado) es profundamente herético, pues más que en ningún sitio, antes de la venida del cristianismo al Nuevo mundo, era el Continente americano el que más poseído estaba del espíritu satánico, con rituales chamánicos, brujería, espiritismo, animismo, sacrificios humanos y toda suerte de hechicerías. Los autores del IL no ignoran esto, pero como sirven a Satanás, su padre, quieren hacer pasar por bueno lo que es de Belial.

Y también en feminismo, en la lucha de la mujer contra el patriarcado y el hombre en general. Sobre esto tampoco omite el IL una pincelada (nº. 129, c), queriendo de la Iglesia un “estilo femenino de actuar y de comprender los acontecimientos” (¿¿??), y proponiendo incluso la ordenación de mujeres como diaconisas, como veremos luego.

Basta leer los numerales 26, 56, 75 y sobre todo 110 para espantarse de hasta qué punto estos insolentes rechazan, con palabrería sutil propia del demonio, los dogmas y el magisterio eterno e inmutable de Cristo y de su Iglesia. Lean, lean, y asómbrense de cómo el IL escupe sobre todos los santos que evangelizaron América y los demás continentes, porque hicieron el “panoli” por dar su vida en rescatar a estos pueblos de las tinieblas de la idolatría y del demonio:

Una Iglesia con rostro amazónico en sus pluriformes matices procura ser una Iglesia “en salida” (cf. EG 20-23), que deja atrás una tradición colonial monocultural, clericalista e impositiva, que sabe discernir y asumir sin miedos las diversas expresiones culturales de los pueblos. Dicho rostro nos advierte del riesgo de “pronunciar una palabra única [o] proponer una solución con valor universal” (cf. OA 4; EG 184). Ciertamente la realidad sociocultural compleja, plural, conflictiva y opaca impide que se pueda aplicar “una doctrina monolítica defendida por todos sin matices” (EG 40). La universalidad o catolicidad de la Iglesia, por lo tanto, se ve enriquecida con «la belleza de este rostro pluriforme» (NMI 40) de las diferentes manifestaciones de las iglesias particulares y sus culturas, conformando una Iglesia poliédrica (Cf. EG 236).

Ese rechazo a lo intemporal, a lo absoluto, a la Verdad única y exclusiva que es Cristo, Dios y hombre verdadero (Camino, Verdad y Vida), se disfraza de clericalismo y se ahonda en esa línea de la Teología del Rhin, del horizontalismo, del rechazo a la jerarquía (se habla siempre en el IL de que la Iglesia debe dejarse evangelizar por el pueblo, y no al contrario, de un movimiento de abajo a arriba, nºs. 28, 110, 118 y 127) y de la necesidad de inculturar a la Iglesia. Bien sabemos nosotros que la inculturación ha sido el medio usado por los heterodoxos y modernistas para desacralizar la liturgia y banalizar la misa y la Eucaristía. Lo que “olvida” el IL es que la inculturación tiene sus límites, como señala la Encíclica Fides et Ratio en su numeral 72:

“El primero es el de la universalidad del espíritu humano, cuyas exigencias fundamentales son idénticas en las culturas más diversas. El segundo, derivado del primero, consiste en que cuando la Iglesia entra en contacto con grandes culturas a las que anteriormente no había llegado, no puede olvidar lo que ha adquirido en la inculturación en el pensamiento grecolatino. Rechazar esta herencia sería ir en contra del designio providencial de Dios, que conduce su Iglesia por los caminos del tiempo y de la historia. Este criterio, además, vale para la Iglesia de cada época, también para la del mañana, que se sentirá enriquecida por los logros alcanzados en el actual contacto con las culturas orientales y encontrará en este patrimonio nuevas indicaciones para entrar en diálogo fructuoso con las culturas que la humanidad hará florecer en su camino hacia el futuro. En tercer lugar, hay que evitar confundir la legítima reivindicación de lo específico y original del pensamiento indio con la idea de que una tradición cultural deba encerrarse en su diferencia y afirmarse en su oposición a otras tradiciones, lo cual es contrario a la naturaleza misma del espíritu humano”.

El propio Cardenal Sarah, Prefecto del Culto Divino y de los sacramentos, nativo de Guinea, rechaza profundamente una inculturación que desdeñe la belleza de la Verdad y de la liturgia: https://www.aciprensa.com/noticias/cardenal-sarah-la-iglesia-se-seculariza-cuando-reduce-la-fe-a-la-medida-humana-58742 y https://www.aciprensa.com/noticias/la-inculturacion-y-globalizacion-son-temas-centrales-en-asamblea-de-obispos-asiaticos. Sobre todo, cuando uno lee en el numeral 125 del IL que la liturgia es un campo abierto a las “luchas” de las comunidades indígenas, algo muy propio del marxismo y de la teología de la liberación.

Por cierto, sobre la inculturación, el IL retuerce el concepto hasta desfigurarlo, a la vez cita a los santos de forma errónea y tendenciosa (como siempre en los textos bergoglianos): por ejemplo, en el numeral 113 se dice que la frase “Lo que no es asumido no es redimido” es de San Ireneo de Lyon, cuando es de San Gregorio Nacianceno. Y el IL con esa frase quiere dar a entender que la fe debe inculturarse en la Amazonía hasta el punto de subvertir las enseñanzas inmutables de la fe, cuando justamente San Gregorio la empleaba para expresar que todo debe encarnarse en Cristo, y no al revés. Por el contrario, se cita correctamente a autores de la teología de la liberación como Dorothy Stang.

Otra cita maliciosamente tergiversada es la de la Encíclica Lacrimabili Statu Indiorum, de San Pío X, porque solo se refiere a ella para denunciar los abusos en forma de esclavitud que estaban sufriendo los indios (por parte, por cierto, no de España sino de las élites criollas y masónicas perennes en el poder tras la independencia de las naciones americanas). Pero calla vergonzosamente que el resto de la Encíclica habla de la necesidad imperiosa de evangelizar a los indios y de librarles de algo mucho más importante: de la “esclavitud de Satanás”, esto es, la del pecado.

2/3 partes del IL son consignas inmanentistas sobre la “buena vida” o “buen vivir” del aborigen, que se enlazan con propuestas eclesiales dirigidas a eliminar el papel de la Iglesia en su evangelización, en una alucinada concepción de estos pueblos como virginales, beatíficos y puros, como si tal cosa se pudiera conseguir al margen de Cristo, del cumplimiento de sus mandamientos y de la vida de la gracia. No, señores, la “vida” no la da la selva sino Cristo, a través de los sacramentos que administra su Iglesia, de manera exclusiva.

e). Ataque a los sacramentos. Especialmente a la Eucaristía y al sacerdocio

Siguiendo con el tema de los sacramentos, lo más sangrante de IL, a mi juicio, con todo lo que llevamos dicho, es la profanación sacramental que promueve. Porque para Bergoglio es una distinción injusta distinguir entre los que pueden y no pueden acceder a ellos, en contra del Magisterio de siempre de la Iglesia. Y así, para el IL, todos tienen derecho a acceder a los sacramentos, sin distinción espiritual, remitiéndose para ello a la archiherética bomba de condenación que es Amoris Laetitia. Lo que en el fondo subyace es una consideración de la Eucaristía como un símbolo o comida a la que todos deben acceder y no como una persona, Cristo allí presente real y sustancialmente, que solo pueden recibir los que se encuentren en gracia de Dios. Lo mismo ocurre con el sacramento de la penitencia, al que solo pueden recurrir los que tengan un verdadero propósito de enmienda.

“Los sacramentos deben ser fuente de vida y remedio accesible a todos (cf. EG 47), especialmente a los pobres (cf. EG 200). Se pide superar la rigidez de una disciplina que excluye y aleja, por una sensibilidad pastoral que acompaña e integra” 

Una pastoral sacramental que fortalezca y consuele a todos sin excluir a nadie (nº. 79).

Para llegar a ese entendimiento profanatorio de los sacramentos, el IL parte de otra de las premisas del venenoso magisterio bergogliano: la pastoral debe subvertir la doctrina (nº. 18), algo muy propio de los fariseos, que se dicen ortodoxos y que tienen apariencia de caridad pero que, por medio de una actuación contraria al dogma, impugnan la doctrina y el magisterio de la Iglesia. Solo así cabe entronizar la moral de situación, ya bendecida en Amoris Laetitia, cuando se dice que hay que:

d) Superar posiciones rígidas que no tienen suficientemente en cuenta la vida concreta de las personas y la realidad pastoral, para ir al encuentro de las necesidades reales de los pueblos y culturas indígenas.” (nº. 119, d)

Ya sabemos que una de las constantes de la actuación de Bergoglio desde sus inicios en 2013 es el ataque a la Eucaristía. Ya vimos cómo Amoris Laetitia atacaba cuatro sacramentos: la Eucaristía, a la que permiten acceder a los adúlteros; la confesión, porque se permite a los adúlteros poder confesar sin propósito de enmienda, es decir, sin dejar de vivir more uxorio; el sacramento del orden, porque obliga a los sacerdotes  a un “proceso de acompañamiento” en el que los adúlteros no necesitan dejar de pecar, y porque les obliga a administrarles la Eucaristía y la confesión de manera nula y profanatoria; y el matrimonio, porque rompen el dogma de la indisolubilidad del matrimonio sacramental, permitiendo el adulterio. A eso hay que añadir sus constantes desplantes a Jesús sacramentado (ante el que nunca se arrodilla, despreciando siempre los reclinatorios). Y su Documento de consenso con los protestantes, donde niega la transubstanciación y declara su deseo de comulgar con los protestantes en una misma mesa (y misa).

Pues bien, este IL, salido de las profundidades de Satanás, fomenta la recreación de nuevos ministerios (nº. 43), que se puedan ordenar a indígenas como sacerdotes, aunque estén casados y sin tener la preparación que tal ministerio exige, aunque ello suponga tener que cambiar el procedimiento de formación y de acceso al presbiterado. Y, más grave aún, se pretende que se cambie el “ritual eucarístico”, que es lo más sagrado que tenemos, el corazón de nuestra fe, el Sancta Sanctorum. Llega incluso a abrir la puerta a la ordenación de mujeres, algo prohibido desde siempre por la Iglesia y que Cristo nunca hizo. Veamos los terribles numerales 126:

  1. c) Las comunidades tienen dificultad para celebrar frecuentemente la Eucaristía por la falta de sacerdotes. “La Iglesia vive de la Eucaristía” y la Eucaristía edifica la Iglesia.[60]Por ello se pide que, en vez de dejar a las comunidades sin Eucaristía, se cambien los criterios para seleccionar y preparar los ministros autorizados para celebrarla.
  2. d) En función de una “saludable descentralización” de la Iglesia (cf. EG 16) las comunidades piden que las Conferencias Episcopales adapten el ritual eucarístico a sus culturas.

Y 129:

 

  1. Promover vocaciones autóctonas de varones y mujeres como respuesta a las necesidades de atención pastoral-sacramental; su contribución decisiva está en el impulso a una auténtica evangelización desde la perspectiva indígena, según sus usos y costumbres. Se trata de indígenas que prediquen a indígenas desde un profundo conocimiento de su cultura y de su lengua, capaces de comunicar el mensaje del evangelio con la fuerza y eficacia de quien tiene su bagaje cultural. Hay que partir de una “Iglesia que visita” a una “Iglesia que permanece”, acompaña y está presente a través de ministros que surgen de sus mismos habitantes.
  2. Afirmando que el celibato es un don para la Iglesia, se pide que, para las zonas más remotas de la región, se estudie la posibilidad de la ordenación sacerdotal para personas ancianas, preferentemente indígenas, respetadas y aceptadas por su comunidad, aunque tengan ya una familia constituida y estable, con la finalidad de asegurar los Sacramentos que acompañen y sostengan la vida cristiana.
  3. Identificar el tipo de ministerio oficial que puede ser conferido a la mujer, tomando en cuenta el papel central que hoy desempeñan en la Iglesia amazónica.

El IL se remite también en su numeral 129.2 a un Documento intragable de la REPAM, que llega incluso a considerar la Eucaristía como un símbolo (punto 3.4.2): http://repam.org.br/wp-content/uploads/2019/07/Hacia-el-Sinodo-Panamazonico_Libro-digital-Ultimo.pdf

CONCLUSIÓN

El Amazonas y las costumbres paganas de algunos de sus pueblos son, para Bergoglio, un sueño hecho realidad: un “lugar teológico” donde la teología de la liberación y el indigenismo ateo han creado un paraíso en la Tierra, que la Iglesia no debe venir a estropear con sus dogmas y sus sacramentos. Y donde la Iglesia católica verdadera gime, tras décadas de adoctrinamiento modernista, bajo las garras del comunismo, del indigenismo, del naturalismo y de la Nueva Era.

El IL es, en definitiva, un auténtico pandemónium, pues lleva en su interior todas las herejías del modernismo y de la izquierda anticristiana. Un Non serviam rotundo entonado, ay, por la falsa Iglesia que se está imponiendo en Roma con el silencio y la complicidad de muchos, disfrazado de bondad y de amor a los pueblos amazónicos. El IL les da a los pobres indígenas una serpiente en lugar de un pan o de un pez. Y a la vez, quintaesencia, con malicia refinada, la tentación del demonio de convertir las piedras en panes: el materialismo y la lucha de clases, como chispa vital del impulso religioso. A la vez, destila una animadversión indisimulada a la labor evangelizadora de España, el país que más ha evangelizado el mundo, el que más mártires y santos le ha dado a la Iglesia, tan odiado por la masonería y las huestes infernales.

Justamente hoy, 4 de octubre, memoria de San Francisco de Asís, le pedimos al santo italiano, el mismo que ha visto su nombre y su doctrina mancillados por Francisco, que vele por el resto fiel y que interceda para que muchos abran los ojos y vean definitivamente quién es y qué pretende Jorge Mario Bergoglio. Nunca más a propósito recordar su asombrosa y actualísima profecía sobre la usurpación del papado, que se produjo el 13-03-13.

PROFECÍA DE SAN FRANCISCO DE ASÍS

 

Poco antes de morir, San Francisco de Asís reunió a sus seguidores y les advirtió de los problemas venideros, diciendo:

“Sean fuertes, mis hermanos, tomen fuerza y crean en el Señor. Se acerca rápidamente el tiempo en el que habrá grandes pruebas y tribulaciones; abundarán perplejidades y disensiones, tanto espirituales como temporales; la caridad de muchos se enfriará, y la malicia de los impíos se incrementará.

Los demonios tendrán un poder inusual; la pureza inmaculada de nuestra Orden y de otras, se oscurecerá en demasía, ya que habrá muy pocos cristianos que obedecerán al verdadero Sumo Pontífice y a la Iglesia Romana con corazones leales y caridad perfecta. En el momento de esta tribulación un hombre, elegido no canónicamente, se elevará al Pontificado, y con su astucia se esforzará por llevar a muchos al error y a la muerte.

Entonces, los escándalos se multiplicarán, nuestra Orden se dividirá, y muchas otras serán destruidas por completo, porque se aceptará el error en lugar de oponerse a él.

Habrá tal diversidad de opiniones y cismas entre la gente, entre los religiosos y entre el clero, que, si esos días no se acortaren, según las palabras del Evangelio, aun los escogidos serían inducidos a error, si no fuere que serán especialmente guiados, en medio de tan grande confusión, por la inmensa misericordia de Dios.

Entonces, nuestra Regla y nuestra forma de vida serán violentamente combatidas por algunos, y vendrán terribles pruebas sobre nosotros. Los que sean hallados fieles recibirán la corona de la vida, pero ¡ay de aquellos que, confiando únicamente en su Orden, se dejen caer en la tibieza!, porque no serán capaces de soportar las tentaciones permitidas para prueba de los elegidos.

Aquellos que preserven su fervor y se adhieran a la virtud con amor y celo por la verdad, han de sufrir injurias y persecuciones; serán considerados como rebeldes y cismáticos, porque sus perseguidores, empujados por los malos espíritus, dirán que están prestando un gran servicio a Dios mediante la destrucción de hombres tan pestilentes de la faz de la tierra. Pero el Señor ha de ser el refugio de los afligidos, y salvará a todos los que confían en Él. Y para ser como su Cabeza, estos, los elegidos, actuarán con esperanza, y por su muerte comprarán para ellos mismos la vida eterna; eligiendo obedecer a Dios antes que a los hombres, ellos no temerán nada, y han de preferir perecer antes que consentir en la falsedad y la perfidia.

Algunos predicadores mantendrán silencio sobre la verdad, y otros la hollarán bajo sus pies y la negarán. La santidad de vida se llevará a cabo en medio de burlas, proferidas incluso por aquellos que la profesarán hacia el exterior, pues en aquellos días Nuestro Señor Jesucristo no les enviará a éstos un verdadero Pastor, sino un destructor.

 

http://wwwapostoladoeucaristico.blogspot.com/2013/03/una-profecia-casi-desconocida-de-san.html

María Santísima, Virgen de Guadalupe y patrona de América, guarda a tus consagrados en el refugio seguro de tu Corazón Inmaculado y no permitas que perviertan a tus pequeños, tú que le pisas la cabeza a la serpiente. San Juan Diego y San José bendito, proteged a los indígenas y a la Iglesia.

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Juan Suárez Falcó

"Un cántico nuevo (Apoc. 14, 3)"
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