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SOLAMENTE MARÍA INMACULADA SALVARÁ A LA IGLESIA Y AL GÉNERO HUMANO

Decir España es decir María. De hecho, el propio Juan Pablo II la llamó, en uno de sus viajes apostólicos, “Tierra de María”. Y es que en cada rincón del ibérico solar podemos encontrar tantas advocaciones marianas, tanto amor a María, que el papa de nuestras vidas tuvo razón en llamarla de ese modo.

Constatamos hoy, con tristeza, como nuestra patria, como tantas otras naciones cristianas, han vuelto la espalda a Dios y a su Santísima Madre en tantas cosas. Concretamente a muchos españoles se nos ha negado el conocimiento de su historia en las escuelas, de sus hazañas, de su gran amor desde siempre al Creador de todo y a la Madre del Señor a quien siempre nuestra nación honró de modo especialísimo, desde que Santiago, tras su predicación en estas lejanas tierras, tuvo el inconmensurable consuelo de, con su llanto ante la no conversión de los moradores de la península, traer a la mismísima Virgen en carne mortal desde Jerusalén a las orillas del Ebro, en el Pilar de Zaragoza, durante el siglo I de nuestra era. El arrojo en la fe del Apóstol, a partir de ese momento, al predicar con tanta vehemencia y vigor la buena nueva del Evangelio, sin duda quedó inoculado en el alma y en la entraña de los españoles, como si Santiago fuera nuestro padre y hubiera influido en nuestra genética, pues la audacia, nobleza y valor de los españoles le valió gestas inmortales que, de padres a hijos se transmitieron de modo sempiterno. Españoles que generación tras generación y que por varios siglos  lucharían con tanto denuedo por esta patria hostigada por las tropas musulmanas, durante la Reconquista de nuestro territorio, para honrar al Dios verdadero y ser fieles a la fe del Apóstol Santiago. Mucho costaron aquellas gestas,  muchas vidas inmoladas a Dios, mucha sangre corrió por todo el territorio, sangre que sería, como siempre ha sido, semilla de nuevos hijos dispuestos a dar la vida por los nobles ideales, Dios y Patria. Y España volvió a ser católica.

También España ha brillado en gestas fuera de nuestras fronteras, luchando por las nobles causas. Así, en Lepanto, en la batalla contra el imperio otomano y que se libró con grandes esfuerzos y sin esperanzas de vencer, vino en ayuda de los españoles la protectora y defensora de los hijos de Dios. A través del rezo de miles de rosarios, la victoria se consumó contra toda esperanza.

Pero hoy nos complace recordar la gran gesta del Tercio de Flandes, con el Milagro de Empel, milagro que se atribuye a la santísima Virgen, la Inmaculada Concepción cuya fiesta hoy celebramos con gozo. Lo podría explicar con palabras, pero les invito encarecidamente a ver el siguiente vídeo, maravilloso y emocionante.

Así pues, la Virgen Inmaculada, tras esta gesta de Empel, fue  declarada patrona de España , en 1760, por iniciativa del rey Carlos III, de la Infantería y la familia Franciscana.

El dogma fue  declarado por S.S. Pío IX y sostiene que la Madre de Jesús, a diferencia de todos los demás seres humanos, no fue alcanzada por el pecado original , desde el primer instante de su concepción. Así, finalmente, se ponía fin a las diferentes opiniones entre franciscanos y dominicos. Muy celebrado en  Sevilla, al ser considerada oficialmente ciudad Mariana y la tierra de María Santísima, pues ya reconocía la gracia de la Concepción Inmaculada de María mucho antes de su aprobación oficial por parte de la Iglesia.

Muy famosas son, también,  las “Inmaculadas” de Murillo, pintor sevillano, quien realizó las representaciones más conocidas en todo el mundo y que hoy se pueden admirar en el  Museo del Bellas Artes de la ciudad hispalense.

Para concluir este artículo, quisiera, a modo de plegaria, dirigir a la Inmaculada Concepción una súplica por el pueblo español, por las naciones hispanas y, finalmente, por el mundo entero. La petición se la hago llegar a Nuestra Madre en nombre de todos los hombres de buena voluntad que ven como avanza el mal por doquier. Nuestra nación y todas las naciones del mundo están presenciando ataques despiadados hacia todo lo que representa nuestra fe y nuestros principios cristianos. La invasión musulmana de nuestra querida España y de la otrora Europa cristiana es un hecho indiscutible. Aquello que nos costó tanto conseguir, con tantos mártires, con tanta sangre derramada noblemente, hoy se regala sin ningún pudor. Se les da gratuitamente a quienes quieren destruir los cimientos de nuestra fe y socavar la moral más amada y preciada de nuestros mayores. Sin rubor y sin ningún tipo de requisitos, nuestras fronteras se ven colapsadas, no por personas que vienen a trabajar y a adaptarse a nuestras costumbres y a nuestra religión, sino que se regala todo a manos llenas a aquellos que atentaron y siguen atentado contra lo más sagrado que tenemos: Dios, patria, familia. En esta hora, como antaño, como siempre hizo la nación de Eterna Cruzada, solo cabe recorrer al auxilio de María, La Inmaculada Concepción. A Ella hacemos este llamamiento de auxilio:

María Inmaculada, Reina y Madre Nuestra. En este día glorioso de tu fiesta venimos a ti, clamando misericordia. Mira, una vez más, a tu pueblo, de quien siempre fuiste amable defensora. Nuestra tierra se encuentra asediada y cercada por todos lados, como lo estuvo en la batalla de los Tercios de Flandes, sin saber ni cómo ni por dónde avanzar. Hoy, más que nunca, necesitamos de Ti. Nos han mermado las fuerzas los inicuos perseguidores de la fe que han arrasado España con leyes abominables, como la del aborto, el divorcio, y  a las puertas llamando tenemos las de la eutanasia y la ideología de género. Sabemos el odio y la inquina que los perseguidores de la verdad tienen contra Dios y contra Ti, Madre Inmaculada. Estas batallas que enfrentamos no son batallas militares que se venzan únicamente con valor y nobleza, con el deseo de entregar la vida por la causa de Dios. No son contra la carne o la sangre. Son batallas contra las potestades infernales. Ya no se trata de perder la vida física. Quieren perder nuestras almas y las de nuestros hijos, y eso, Madre Inmaculada, no puedes permitirlo. No puedes abandonarnos en este tiempo del Anticristo. Pisa la Serpiente antigua, Satanás, y con ella a todos los secuaces que trabajan para su servicio. Vuelve a nosotros, esos, tus ojos misericordiosos y no abandones a España, la perla de tu corona que tanto te ha amado y tanto te ha hecho amar. Si destruyen España, detruyen con ello las naciones hispanas. También la vieja Europa ha quedado a merced de quienes quieren arrancar de ella su fe, al igual que otras naciones que soportan persecuciones fuertes y martiriales, como Siria, siendo un ejemplo para todo el orbe cristiano, pues están sufriendo dolores de parto esperando a que intervengas. Todos esperamos de Ti, nosotros, el pueblo de Dios que te considera su Madre, la Inmaculada Concepción. En esta hora aciaga, como hiciste en Flandes, como hicieras en Lepanto y en tantas y tantas gestas en las que venciste como Reina y Señora. Compadécete, pues, de todo el género humano que vive un asedio sin precedentes y que quiere llevarle al olvido de Ti y de tu Hijo amado. Que los rescoldos que aún quedan en las naciones cristianas europeas, como Polonia y Hungría, permitan levantarnos de esta herida mortal asestada por el destructor de las almas. Que prenda en todas partes el fuego del amor a Dios y a tu Inmaculado Corazón.

¡Triunfa, Madre! ¡Muestra tu poder de Reina y Soberana! Confiamos solamente en tu poder intercesor delante del Trono de Dios, porque sin Ti estamos seguros de que todo está perdido. Vence la última de las batallas, la gran batalla que prefiguraste con el signo del cielo, cuando apareciste como una señal grande donde se observaba a la Mujer vestida de sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza. Dios te llevó al desierto y te libró del terrible enemigo que amenazaba con engullir a tu Hijo. Líbranos, del mismo modo, a quienes deseamos servirle solamente a Él. Llévanos al desierto, lejos de quienes nos quieran hacer apostatar y adorar a la bestia,  por temor al hambre, por temor al sufrimiento.  Socórrenos en este momento en el que vemos el avance del comunismo, ese avance que predijiste en Fátima, si Rusia no se te consagraba a tu Inmaculado Corazón. Nos dolemos y lloramos por no haber escuchado tu ruego y pedimos humildemente perdón. Solamente en Ti tenemos puesta nuestra confianza. ¡Madre, muéstrate! ¡Muestra tu poder como Victoriosa Reina del mundo! Jamás se oyó decir que ninguno que haya acudido a Vos, haya sido defraudado.

¡María, la siempre Inmaculada Virgen María, solo en Ti esperamos y confiamos! 

 

Montse Sanmartí

 

Monumento a la Inmaculada Concepción en Sevilla.

* La foto de portada corresponde al barcelones y gran pintor de batallas Augusto Ferrer Dalmau y se titula “La Virgen de Empel”.

About the author

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Montserrat Sanmartí Fernández

Católica. Casada y madre de 10 hijos. Implicada desde 2009 en la defensa de la vida a través de CIDEVIDA. Delegada de Sanación Postaborto en el Viñedo de Raquel en España. Escribo por vocación como inquietud de llamada interior y deseando cumplir desde mi pequeñez el mandato que Cristo nos dio: "Id por todo el mundo y proclamad el Evangelio a toda criatura". Ya no hay excusas. Se puede evangelizar en todo el mundo, sin movernos de nuestra casa. Todo sea a mayor gloria de Dios y salvación de las almas.
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  • A pocos días de la Festividad de Nuestra Señora de Guadalupe recordemos la carta de Fray Juan de Zumárraga al Rey de España:

    https://es.zenit.org/articles/el-milagro-de-guadalpue/

    ‘Fray Juan de Zumárraga, primer Obispo de México, llegó a su diócesis en 1528, él fue testigo del mundo que se desplomaba ante sus ojos, cómo la tierra estaba a punto de perderse completamente y que no había ninguna salida humana, rogaba para que Dios interviniera, decía: “Asimismo me parece es bien informar a V. C. M. de lo que a la fecha en ésta pasa, porque es cosa de tanta calidad, porque si Dios no provee con remedio de su mano está la tierra en punto de perderse totalmente”.

    Y las palabras de María Santísima a Juan Diego:

    http://encuentra.com/apariciones_marianas/palabras_de_la_virgen_a_juan_diego10672/

    12-XII-1531

    (en la madrugada entre las cinco y las seis)

    – “¿Qué pasa, el más pequeño de mis hijos? ¿A dónde vas, a dónde te diriges?”.

    – “Oye y pon bien en tu corazón, hijo mío el más pequeño: nada te asuste, nada te aflija, tampoco se altere tu corazón, tu rostro; no temas esta enfermedad ni ninguna otra enfermedad o algo molesto, angustioso o doliente.”

    “¿No estoy aquí yo, que soy tu Madre? ¿No estás bajo mi sombra y resguardo? ¿No soy yo la fuente de tu alegría? ¿No estás en el hueco de mi manto, en donde se cruzan mis brazos? ¿Tienes necesidad de alguna otra cosa?”

    “Que ninguna otra cosa te aflija, te perturbe; que no te preocupe con pena la enfermedad de tu tío, porque de ella no morirá por ahora. Ten por seguro que ya sanó.”

    Y ya de paso la profecía de la beata Ana María Taigi sobre la masonería:

    https://bibliaytradicion.wordpress.com/miscelaneo/francmasoneria/el-misterio-de-la-masoneria-descorriendo-el-velo/condenacion-de-la-masoneria/#181
    181. – ¿Comienza el total cumplimiento de una profecía?

    Lo que pasa en Italia y el desprecio profundo con que los intelectuales de Francia miran la Masonería y la alarma de los escritores ingleses, que con espíritu imparcial y patriótico estudian el movimiento revolucionario actual, dirigido desde Rusia, y que no han podido dejar de ver la íntima conexión del Bolchevismo con el Judaísmo y de ambos con la Masonería.

    Además las evidentes señales de que el poder actual de la Masonería en la casi totalidad de las naciones europeas y tal vez de las americanas dista mucho de lo que fue en los tres primeros cuartos del siglo pasado; todo esto, digo, hace pensar si no es ya el tiempo en que comienza su decadencia definitiva, después de haber llegado al cenit de su poder y gloria, según la predicción que se atribuye a la Beata Ana María Taigi, dirigida a León XII, a principios del siglo XIX, con estas palabras:

    ”Padre Santo, los francmasones no hacen actualmente mucho ruido, pero poco a poco crecerá su audacia y llegará una hora en que parecerán ser los amos absolutos. Mas Dios los quebrantará de una manera terrible” ( Rev. des SS. Secr., p. 277, 1925)

    Que Dios nos bendiga, nos guarde de todo mal y no lleve a la vida eterna.
    Saludos

  • ASÍ SE OBRÓ EL MISTERIO DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE LA VIRGEN MARÍA

    MENSAJE DEL DÍA 7 DE OCTUBRE DE 1989, PRIMER SÁBADO DE MES, EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)
     
         LA VIRGEN:
         Hijos míos, vengo triste porque los hombres me desprecian, desprecian mi Corazón. En mi propia casa, en mi Iglesia, hacen desaparecer mi imagen. Por eso quiero formar un gran rebaño que ame mi Corazón y me venere. Así lo quiere el Todopoderoso. El Todopoderoso quiso que yo fuese el medio de la Redención por el misterio de la Encarnación; y los hombres desprecian a la Madre de Dios, la dejan como mujer que tuvo al hombre. En Cristo estaba la plenitud de la divinidad, y la divinidad entró dentro de mi vientre y se hizo carne, y salió la divinidad de dentro de mi vientre con cuerpo, alma y divinidad. ¿Cómo los hombres dicen que es una herejía ser Madre de la divinidad de Cristo? Dice Cristo: “Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin; el que cree en mi palabra tendrá vida eterna, y el que no cree en mi palabra tendrá condenación eterna”; así dice Cristo. Y Dios Creador quiso obrar en su esclava grandes misterios. Desde antes de mi nacimiento obró en mi santa madre el gran misterio de mi nacimiento. Quedando estéril después de mi hermana, Dios Creador quiso, por su gracia, hacer el misterio de mi nacimiento. Mis padres estaban tristes, cuando al nacer mi hermana María, mi madre estaba pensando en que nacería su hija predilecta y su hija privilegiada del Señor; así le profetizó una profetisa. Pero cuando nació y se quedó estéril, vio que no era la privilegiada del Señor; su corazón se entristeció mucho, creyendo que había ofendido a Dios, porque una criada de la casa de mi madre había ofendido gravemente a Dios con un primo de mi padre. Mi madre le reprendió hasta tal punto que la criada tanto dolor sintió en su corazón que el niño nació muerto.
         Por ese tiempo, mi hermana María nació también antes de los nueve meses, y mi madre creyó que había ofendido a Dios regañando a esa pobre mujer, y, desde ese momento, empezó la penitencia, el sacrificio y la oración más profunda. Mi padre y mi madre oraban juntos y prometieron a Dios la castidad y el sacrificio. Viendo mi padre que su vientre se quedó cerrado por la esterilidad, sufrió su corazón mucho y eran repudiados por muchos judíos porque era estéril, hasta tal punto que mi santo padre presentaba los mejores presentes de su rebaño en el templo y los sacerdotes lo despreciaban. Hasta que un ángel, estando mi madre en oración, vino a anunciarle mi nacimiento y le dijo: “Ana, coge a los criados y vete a Jerusalén, a la Puerta Dorada; tendrás fertilidad y nacerá de ti una hija”. Mi madre sintió tal regocijo en su corazón que quedó extasiada y arrebatada por el amor de Dios. Se acostó y en sueños volvió a manifestársele el ángel y sobre la pared de su alcoba escribió un nombre: “Miriam”. “Así se llamará la Niña que nazca de tu vientre. Será la Madre del Mesías. A Joaquín, también le ha sido revelado este misterio”. Pues mi padre, triste y disgustado, porque creía haber ofendido a Dios y por el desprecio de los sacerdotes y el rechazo de sus presentes, se había marchado a una casa de oración y hacía varios meses que no estaba en compañía de mi madre. Cuando el ángel le anunció el mismo mensaje que le había anunciado a mi madre y que se pusiese en camino, de su rebaño cogió los mejores presentes y los partió. Los mejores fueron para el Señor, los otros mejores fueron para los pobres y los peores se quedó él con ellos. Acudió al templo, y le dijo que en la Puerta Dorada estaría María[1]esperándole. Allí se obró el gran misterio de mi nacimiento. Dios Creador llenó a mi padre de gracias y me evitó a mí del pecado original. Le dijo el ángel: “Joaquín, de tu obra nacerá una niña y se llamará María, y en Ella se obrarán grandes misterios, y Dios le dará poder para aplastar al enemigo y la llamarán todas las generaciones bienaventurada”. Mi padre fue a Jerusalén y allí se juntó con mi madre; pasaron por la Puerta Estrecha, y el sacerdote, que antes le había repudiado y despreciado, le recibió con grandes honores, dándole la enhorabuena y recogiendo sus presentes. Al besar a mi madre se obró el misterio de mi nacimiento, de mi encarnación.
     
         LUZ AMPARO:
         Veo una luz como una espiga reluciente que, cuando besa Joaquín a Ana, se desgrana y entra dentro de ella. Están los dos en éxtasis, en un éxtasis de amor. Su tristeza ha desaparecido. ¡Ay, qué alegría tienen los dos, ay! Los dos cogidos de la mano salen del templo y a la salida gritan: “El Poderoso ha obrado en mí un gran misterio. De mi vientre nacerá la Madre del Mesías, y se le pondrá el nombre de Miriam, que quiere decir María, Madre de la Humanidad. Será la Torre de Marfil, la Casa de Oro, el Arca de la Alianza, donde serán guardados todos los misterios. ¡El medio que Dios pone a la Humanidad para que se encarne la Redención del mundo!”.
     
         LA VIRGEN:
         ¡Cómo los hombres desprecian mi Corazón, hija mía!, ¡cómo me rechazan hasta mis mismos hijos predilectos! Por eso quiero formar un gran rebaño, porque Dios no permite que en estos tiempos tan graves por el pecado… —yo que soy el medio para conquistar a las almas y llevarlas a Cristo—, Dios no permite que me oculten y quiere que esté a la luz.
         ¡Pobre Humanidad, hijos míos! La Humanidad está corrompida por el pecado. El mayor castigo que puede caer sobre la Humanidad es que el hombre no acepta la gracia de Dios. Y ellos solos se gobernarán por sí mismos y se matarán unos a otros. Se envidiarán, se despreciarán, se destruirán. Ése es el mayor castigo que va a caer sobre la Humanidad. Por eso quiero formar un gran rebaño, donde todos glorifiquen a Dios y donde mi Corazón sea venerado. Por eso quiero que viváis, hijos míos, el Evangelio tal como está escrito, que viváis en pobreza, que renunciéis a vuestros bienes y que os alimentéis de la savia del Evangelio.
         Y todo el que acuda a este lugar recibirá grandes gracias para que pueda evangelizar a la Tierra. Los hombres han olvidado la palabra de Dios. Quiero almas reparadoras, sacrificadas, pobres y humilladas. Humillaos, que todo el que se humilla será ensalzado ante los ojos de Dios, y todo el que sea pobre en la Tierra será rico en la eternidad. Porque con todos los dones que haya dejado en la Tierra, los recibirá eternamente en el Cielo.
         Amaos unos a otros y buscad la gloria de Dios, no busquéis vuestros honores ni vuestra gloria en la Tierra.
         Tú, hija mía, humíllate, y bienaventurado el que te desprecie y te calumnie, porque él será el que te siembre el camino de la eternidad. No le desprecies, llámale bienaventurado, porque por él gozarás eternamente.
         Besa el suelo, hija mía, en reparación de tantos y tantos pecados como se cometen en el mundo…
         Refugiaos en mi Inmaculado Corazón, pues él triunfará y aplastará la cabeza de Satanás. Sobre toda la Humanidad triunfará mi Corazón.
         Sed humildes, hijos míos, desprendeos de todos vuestros bienes y ponedlos todos en comunidad, como los primeros cristianos. Y que no sea nada vuestro; que lo vuestro sea de todos. Pero no hagáis lo que aquel joven del Evangelio, cuando se presenta ante Cristo y le dice: “Señor bueno, yo ya cumplo con todo lo que Tú has dicho”. Y le pide que renuncie a sus bienes, y eso no le agradó, y su corazón se entristeció y se llenó de soberbia, y no quiso aceptar la palabra de Cristo.
         Los que quieran ser discípulos de Cristo tienen que ser desprendidos, humildes y humillados.
         Levantad todos los objetos, hijos míos; todos serán bendecidos con bendiciones especiales. Y todos los que acudan a este lugar, hoy prometo que serán selladas sus frentes con una protección especial para cambiar sus vidas.
         Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos por los ángeles custodios…
         Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.
         Adiós, hijos míos. Adiós.

    [1] Luz Amparo ha aclarado después que se trata de santa Ana, cuyo nombre completo, según la vidente, era María Ana.

    ¡BENDITA SEAS INMACULADA CONCEPCIÓN, REINA DE LAS ALMAS! ¡SEAS POR SIEMPRE BENDITA Y ALABADA!

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