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EL ODIO DE LO FEMENINO ES FUNDAMENTALMENTE DE ORIGEN DIABÓLICO

 

Por: Pbro. León Crisóstomo

Semejante desprecio a la mujer no puede ser de suyo sólo de origen humano, como lo es el pecado mismo que tiene como progenitor al demonio (1 Jn 3, 8), por tanto, el pecado en cuanto su naturaleza misma no es un invento del ser humano, sino del Ángel caído, porque el ser humano no puede extraer esa realidad de su naturaleza humana creada en justicia por Dios; pero por la instigación del Maligno y por el abuso de su libertad al comer del árbol prohibido, es decir, asumir los criterios de pensamiento del Demonio en lo que hemos llamado la hermenéutica del espíritu del Maligno, entonces se produce el desorden tras la ruptura de toda la armonía propuesta por el Creador. El pecado es de raíz diabólica, así lo enseñaron varios maestros de la antigüedad cristiana, en un texto en forma de diálogo leemos:

<>. (Teodoreto de Ciro, El mendigo. Diálogo III, el Impasible).

Así mientras Adán se encontraba en justicia y en santidad original antes del pecado, realmente valoraba y reconocía la grandeza de su mujer – y su propia grandeza también en un perfecto y sano equilibrio y armonía-, viendo en ella a alguien no solamente como una igual, tanto en su condición física, como en la espiritual, sino reconociendo en ella la presencia misma de Dios, pues el no encontró en ningún otro ser de la naturaleza que estuviera a su mismo nivel como fue el caso de los animales (Gén 2, 20), sólo cuando contempló a la mujer, como si ella se tratara de un hermoso espejo, él pudo mirarse como lo que era, un hombre, pues sólo en la relación con ella pudo percatarse de quién era, y al unirse a ella se dio cuenta que sólo se experimentaba completo, íntegro si se mantenía unido a ella. Pero tras la ruptura del paraíso por la instigación del Maligno, al que libremente le creyó en su propuesta hermenéutica, entró en el trato de la pareja el <>, pues ahora la valoración del otro no tenía como punto de referencia el criterio y el orden establecido por el Creador, pues el pecado lo había sacado del horizonte humano, dejándolos a merced del Ángel caído, el perverso de los frutos de muerte, quien a partir de ahora le sugeriría el modo como se harían las cosas según su particular manera de interpretar la realidad.

Al cometerse el pecado que es de origen no sólo antropológico, sino sobre todo diabólico, distorsionó la realidad al permitirle la entrada al Maligno en el corazón de nuestros primeros padres, quienes a partir del dominio de su nuevo señor y amo, quien los sometió a esclavitud, ellos comenzaron una guerra no solamente de géneros, sino de otras tantas índoles con el único propósito de generar odio, destrucción y muerte. A propósito sobre el origen del pecado San Cirilo de Jerusalén escribió:

<> (Catequesis 2,3).

Cuando Dios decidió crear al ser humano, en su sabiduría divina concibió el pensamiento de hacerlo hombre y mujer, es decir, de sexo masculino y femenino, una clara muestra y expresión del misterio intra-trinitario de su ser, puesto que Dios es uno solo pero en tres personas distintas en perfecta comunión, así el misterio de la comunidad humana expresada en el consorcio y la comunión de las personas de diferente sexo que se encuentran en el amor hasta el grado de la donación de todo su ser en el otro hasta constituir una sola carne, o lo que hemos llamado el ser humano completo, íntegro y acabado, pues mientras no se esté en esa comunión será un ser incompleto, es un claro espejo de lo que sucede al interior del misterio de Dios. Pues el Padre se compenetra en el Hijo, y el Hijo se compenetra en el Padre por la fuerza y el poder del Amor divino que es el Espíritu Santo, haciéndose un solo ser, en perfecta comunión y sin que se anulen cada una de las personas divinas.

De la misma manera cuando Dios hizo al hombre según la versión más antigua de la creación conocida como el relato Yavísta, lo encontramos solo en el jardín, razón por la que el Señor dijo: No es bueno que el hombre esté solo. Voy a hacerle una ayuda adecuada (Gén 2, 18), en sentido estricto de la palabra el hombre aún no era hombre según una interpretación antigua rabínica, pues para llegar a ser hombre se necesita estar frente a una mujer. Pero en la segunda versión de la creación del hombre llamada Sacerdotal, Dios realiza un solo acto creador para el hombre expresado en la singularidad personal de hombre y mujer, pero en la complementariedad de los sexos con vista a la comunión y a la perfección de los mismos: Y dijo Dios: Hagamos al ser humano a nuestra imagen, como semejanza nuestra, y manden en los peces del mar y en las aves de los cielos, y en las bestias y en todas las alimañas terrestres, y en todas las sierpes que serpean por la tierra. Creó, pues, Dios, al ser humano a imagen suya. A imagen de Dios lo creó, macho y hembra los creó (Gén 1, 26-27).

Para este texto la mujer no es presentada con ningún gramo de inferioridad con respecto al hombre, y a su vez éste no es presentado con rasgos de superioridad con respecto a la mujer, en realidad ambos se necesitan para complementarse, los dos tienen la parte perfecta que le hace falta al otro para poder llegar a ser uno solo. Pero el punto que queremos rescatar aquí es la valoración que hace el Espíritu Santo de lo femenino: ella es imagen y semejanza de Dios, y señora de toda la creación visible a la par del macho (Gén 1, 27), viviendo en entera armonía.

Impensable encontrar en la bondad de la creación algo que estuviera en detrimento de lo femenino, si esa realidad apareció en la historia humana, ella vino de fuera tras la caída estrepitosa del gran Dragón rojo expulsado del cielo por la intervención del Arcángel Miguel (Ap 12, 7-9). El Demonio lleno de odio contra Dios y de envidia contra el ser humano vino con el claro propósito de destruirlo, y su odio se hizo cada vez más especial en contra de la mujer, eso no significa que no odie al varón, pero en este encontró poca resistencia para su proyecto de dominio y señorío de la historia, siendo incluso su cómplice después del pecado de los orígenes, pues sabemos que lo encubrió cuando Dios lo interrogó acerca del origen del mal, ya que sacó del escenario del pecado a la Serpiente culpando directamente a la mujer e indirectamente al Creador (Gén 3, 11-12).

No así con la mujer con quien mantuvo contra ella un odio peculiar, por lo que desde este momento afirmamos que dicho odio hacia la mujer en la historia humana, obedece no sólo a una estupidez del varón por el pecado, sino a la poderosa instigación de los ángeles caídos a los que podemos nombrar como espíritu maligno de superioridad genérica, espíritu maligno de inferioridad genérica, espíritu maligno de machismo, espíritu maligno de misoginia, espíritu maligno que fomenta el patriarcalismo, etc., contradiciendo lo que el Señor había manifestado como verdad revelada.

Las razones del odio diabólico por lo femenino

Un primer motivo del odio del Demonio hacia lo femenino es en razón del conocimiento que él tiene del origen de la mujer, pues él como Ángel privilegiado de Dios, siendo uno de los más sabios y hermosos de la creación angélica y seguramente uno de los de más alta jerarquía y por lo consiguiente de mayor conocimiento de los misterios de Dios, tal como escribió el Santo Obispo de Jerusalén:

<<Después de ser un arcángel, se le llamó diablo por el hecho de inducir al error, y de ser un buen servidor de Dios, vino a tener el significativo nombre de Satanás; pues Satanás se interpreta como el adversario. Estas enseñanzas no son mías, se las debemos a Ezequiel, el profeta inspirado. Quien afirma de él como un treno*: eres modelo de perfección, pleno de sabiduría, perfecto en belleza. Estabas en Edén, jardín de Dios. Y poco después: Fuiste perfecto en tus caminos desde el día en que fuiste creado, hasta que fue hallada en ti la iniquidad>> (Catequesis 2, 4)

Sin duda se le reconoce como un Arcángel lleno de sabiduría, misma que según la tradición lo habría llenado de soberbia levantándose contra el Creador y pretendiendo ocupar su lugar; pues bien, por esta sabiduría, sabe perfectamente que la mujer y el hombre son imagen y semejanza de Dios, y que para que se dé la realización de un hombre maduro se requiere de la comunión y la complementariedad de ambos, por lo que el proyecto diabólico de suyo es buscar romper la comunión entre el hombre y la mujer. Pero él estuvo bien consciente que ambas criaturas son expresión de la Santísima Trinidad, percatándose que en la mujer está más presente la huella del Espíritu Santo, propio de su feminidad, y en el varón la Paternidad del Padre, es decir, en la masculinidad. Pensamos que esta es la primera razón del odio del Maligno hacia la mujer porque descubre en ella las huellas del Espíritu Santo que sabemos basándonos en el idioma hebrero que espíritu se dice rúah y es de género femenino.

El Maligno en base a su conocimiento sabe que en la mujer está con más fuerza la presencia de las huellas del Espíritu Santo, el amor poderoso de Dios, la ternura, la delicadeza, la misericordia y la sabiduría, por eso cuando tiene frente así a una mujer, la odia con tanta fuerza porque alcanza a percibir la grandeza del Espíritu de Dios en ella, por eso su afán de desvirtuar a la mujer hasta desfigurarla porque contra ella está expresando el odio mismo que siente hacia el Espíritu; pero ese odio no es otra cosa que la manifestación de un enorme miedo que le tiene a lo femenino, porque sabe que en la presencia de la mujer en la historia humana, es como si el Espíritu Santo estuviera ahí de manera peculiar a través de ella, por eso él experimenta una enorme inseguridad; y quizá hablando con más precisión, se trata en realidad de un pánico, de un horror por lo femenino, por lo que reacciona con la máscara del machismo y de la actitud misógina que busca imponerse sobre él; dejando al descubierto que es el signo indiscutible del miedo a la mujer, mostrando en ese odio su verdadero sentimiento, curiosamente no de superioridad, sino de inferioridad.

En el relato de la tentación y de la caída de nuestros primeros padres en el jardín (Gén 3, 1-19), encontramos el segundo motivo de ese odio diabólico a lo femenino: ella ofreció más resistencia al Maligno con respecto a Adán, y él lleno de horror pensó que ella iba a echarle a perder el proyecto de dominio y señorío sobre la raza humana, pues a la luz de la narración nos percatamos como todo el diálogo se realiza entre la serpiente, símbolo del Maligno (Ap 12, 9), y la mujer; mientras que el hombre aún en justicia original se vio rápidamente superado por esa presencia misteriosa del Ángel caído, pues al parecer, se quedó como mudo y sin poder pronunciar palabra alguna, como siendo arrollado y avasallado por las palabras del Maligno, mostrando a un hombre que no supo ejercer su liderazgo con madurez.

Pero la sabiduría de la mujer lo pone al descubierto y le muestra la falsedad y la astucia de su argumento, pues empezó contradiciendo lo dicho por el Señor, a lo que la mujer le recuerda citando la palabra de Dios que su expresión estaba fuera de lugar: La serpiente era el más astuto de todos los animales del campo que Yahveh Dios había hecho. Y dijo a la mujer: ¿Cómo es que Dios les ha dicho: No coman de ninguno de los árboles del jardín? (Gén 3, 1). La serpiente mostró su astucia y mala intención al acusar a Dios de coartar la libertad humana imponiéndole un límite que lo privaba del disfrute de la creación; y está citando la Escritura pero de una manera completamente tergiversada, es decir, cambiando el sentido. Podemos decir entonces que el Ángel Maligno tuvo en el relato de la tentación y de la caída como punto de partida a la Palabra de Dios, en ese sentido él no es original, pues la tentación no consiste de suyo en una propuesta completamente nueva a lo que el Señor ha dicho, la clave está en que él tiene la Palabra de Dios como materia prima, para después darle el toque de su propia y personal interpretación, naciendo así lo que hemos llamado, la hermenéutica del Ángel caído, en ese sentido estamos parados ante el primer falso exégeta de la historia de la interpretación bíblica, que a su vez se trata del primer falso profeta, el lobo disfrazado de oveja (Mt 7, 15; Jn 10, 11-12), al ser infiel con el sentido genuino de la Palabra de Dios. Pero esta interpretación diabólica muy pronto se vio refutada por la intervención de la mujer, dejando al descubierto la mentira de la serpiente; mientras que la reacción de Adán parecería que fue de completa aceptación ante el argumento dado por ella, pues no dijo absolutamente nada; pero la sabiduría presente en la mujer le hizo entrar en razón, percatándose de la manipulación que se estaba haciendo a lo dicho por el Señor: Respondió la mujer a la serpiente: podemos comer del fruto de los árboles del jardín. Más del fruto del árbol que está en medio del jardín, ha dicho Dios: No coman de él, ni lo toquen, so pena de muerte (Gén 3, 2-3). La interpretación de la mujer muestra sin duda alguna sabiduría porque está en plena sintonía con lo dicho por el Señor, mostrando con ello fidelidad a la palabra de Dios.

A partir de este momento, si la Serpiente tiene envidia y odio a la humanidad a la que desea destruir, toda su atención se concentró en la mujer, a la que odia con todas sus fuerzas de su ser diabólico, hasta el grado de que podemos afirmar, que se trata del mismo nivel de odio que irradia y siente por el Creador, puesto que el odio hacia lo femenino en realidad no es directamente contra él, sino a aquél que se encuentra de manera especial en ella, al Espíritu Santo presente en su feminidad. Por eso comenzará una campaña de ataque, de desprestigio, de dominio de burla, de sufrimiento en contra de todo lo femenino con el objetivo de vengarse de ella hasta fastidiarla y cobrarse con creces su osadía de haberlo denunciado en el jardín –el Demonio odia muchísimo y busca venganza de aquellos que se atreven a denunciarlo no encubriéndolo- y sobre todo porque se asentó el precedente de que lo femenino tiene la sabiduría de desenmascarar al Maligno y a la razón de los males de la historia, pues ella se conducirá con más lucidez que el varón, porque ya no se queda sólo al nivel de la cabeza, de los racionalismos como hace éste, sino que ella lo asimila y lo baja de inmediato al corazón, la sede de la voz y del amor de Dios, que la hace capaz de mirar más allá de lo que mira el varón que es más pragmático, mientras ella es más tierna y delicada, esto expresado hasta físicamente en la delicadeza de su rostro, de sus manos y de sus labios, de su mirada profunda y penetrante, con claros destellos de la luz que la acercan a la ternura del Espíritu de Dios.

La causa de los males no es sólo antropológica, es decir, humana, sino que necesariamente estaba también la presencia de un <<espíritu>>, de una realidad más allá de lo humano; si bien, la respuesta de Adán comenzó por denunciar lo humano, dejando para el final como causa última a una realidad espiritual, cometiendo un grave error al pensar que esa causa espiritual era el mismo Creador. Sin embargo, la mujer asumió también ambas causas del mal: una antropológica y la otra pneumática, esto significa, espiritual, sólo que ella dejó al ser humano en segundo lugar, e identificó en la realidad espiritual no a Dios, sino al Maligno colocándolo en primer lugar en el origen del pecado; la Escritura así lo dice: Yahvé dijo a la mujer: “¿Qué es lo que has hecho?” y la mujer respondió: “La serpiente me ha engañado y comí” (Gén 3, 13). Este es el antecedente de ese odio desmedido que el maligno tendrá en contra de la Mujer profetizada, pues ella no sólo lo desenmascara, sino que incluso le pisa la cabeza (Gén 3, 15). Pues ésta mujer, es aquella que como nueva Eva es fidelísima y obediente a la Palabra revelada, no dando margen a la instigación del maligno.

 

 

*El treno (del griego thrênos,lamento), composición de la lírica griega arcaica, es un lamento fúnebre destinado a ser ejecutado por un coro con acompañamiento musical. Se cantaba en ausencia del muerto, al contrario que los epicedios, poemas en lo demás muy afines.

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1 Comment

  • Excelente como siempre, gracias a todo el equipo que conforma Como vara de Almendro! Quisiera me hicieran el favor de analizar una reciente edición del catecismo llamada Youcat, mi hijo recién recibió el Sacramento de la Confirmación y en la notaría de La Parroquia se está recomendando este libro, le hice una revisión general pero me parece sin sentido, vacío y confuso (Perdón pero soy un simple laico sin preparación alguna). El libro propiamente en Cuestión es Youcat Confirmación, agradeciendo de antemano la respuesta, me despido, deseándoles como siempre la Bendición de Nuestro Señor Jesucristo y la Protección maternal de la llena de Gracia, la Siempre Virgen María y San Miguel Arcángel.

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