EL DISCERNIMIENTO DE ESPÍRITUS (PARTE II) — Como Vara de Almendro
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EL DISCERNIMIENTO DE ESPÍRITUS (PARTE II)

 

Por: Pbro. León Crisóstomo

El Ángel caído reclama para él, el culto de adoración

    Esta situación es completamente distinta con el Ángel caído que traicionó su ministerio porque efectivamente se acerca al ser humano pero con la intención de alejarlo de Dios mediante la instigación al abuso de la libertad para romper la comunión con Dios, haciendo que este si no se arrepiente abre la posibilidad de verse privado de la contemplación del Padre perdiéndose para siempre en el castigo del infierno. Y no solamente hace esto sino que una vez que ha instigado al hombre a romper su comunión con Dios, él asume ese lugar que le corresponde al Señor, exigiendo el culto de Latría o adoración para él, pues exige al ser humano que se postre y lo adore, un culto que es perverso y diabólico porque solo Dios es merecedor, al igual que el Cordero de Dios.

    Por eso resulta un tanto simpática la petición que le hace Satanás, el ángel caído a Jesús en el relato de las tentaciones en el desierto, pues ahora resulta que la criatura le pide al Creador hecho carne (Jn 1,3.14), que se postre ante él, que le adore, con la tentación de que le dará todo los reinos del mundo (Mt 4,9), instigación que está fuera de lugar porque todas las cosas han sido hechas por el Logos eterno del Padre (Col 1,16), y es dueño y heredero de todo el universo (Heb 1,2), y no sólo de las visibles que le ofreció el mentiroso del Diablo pues se presentó como el legítimo dueño, pues nada es de él a menos que lo haya robado y se haya apoderado de eso de manera ilegítima como ocurrió a la humanidad en razón del pecado, sino también de las invisibles con todas sus jerarquías existentes (Col 1,15-17). Fue una auténtica estupidez pedirle al Señor del cielo y de la tierra, al Creador de todo el universo, a su propio dueño que se postrara ante él, pobre miserable que tenía una profunda necesidad de reconocimiento y narcisismo ,propio de la conducta perversa y diabólica de los ángeles caídos, pues no busca la gloria de Dios, el postrarse humildemente ante el Señor, por eso es la encarnación de la soberbia, del orgullo y de la desobediencia.

   Observemos con detenimiento el móvil en sus dos direcciones porque es la clave para aprender a descubrir, desenmascarar, denunciar y rechazar al ángel caído y a todos sus ángeles seguidores: el sacar a Dios del horizonte humano y la sustitución por alguno de ellos, básicamente por su líder Satanás. Esto lo podemos aplicar en el culto que está proliferando por los ángeles, obviamente popularizado por la New Age, sólo que mucha atención, los únicos nombres de ángeles que fueron revelados por el Espíritu Santo son Rafael, Gabriel y Miguel como ya lo vimos anteriormente, también dijimos que la tradición judía habla de siete ángeles que están siempre presentes y tienen entrada a la Gloria del Señor, según el testimonio dado por el ángel Rafael a Tobías (Tob 12,15), pero no encontramos esos nombres en ningún libro canónico, es decir, en los libros que tanto la tradición judía como cristiana reconocieron como inspirados por el Espíritu Santo.

La literatura apócrifa responde a la curiosidad acerca de los Ángeles

   Fue la literatura apócrifa, la no autorizada, la que quiso responder a la inquietud y curiosidad de las personas por saber acerca de los cuatro ángeles restantes mencionados en la lista del Ángel Rafael, y los podemos encontrar en el libro de Enoc: <> (Libro de Enoc, cap. 20), y finalmente Gabriel.

   Como dijimos en la angeología judía existe la firme creencia de que existen los siete espíritus de Dios, una idea que aparece en el libro del profeta Isaías cuando habla de las características con las que estará revestido el Mesías de Dios (Is 11,1-4), es decir de la plenitud del Espíritu de Yahveh. Esta idea fue retomada por el autor del libro del Apocalipsis pues en la parte que corresponde a los remitentes del libro de las revelaciones, aparece el Espíritu: de parte de los siete Espíritus que están ante su trono (Ap 1,4),  los mismos que el vidente declara haber visto cuando fue arrebatado hasta el trono mismo de Dios: Delante del trono arden siete antorchas de fuego, que son los siete Espíritus de Dios (Ap 4,5). Según el vidente en el cielo existe uno sentado en el trono que es sin duda alguna la imagen de Dios y a quien no nombra de manera directa por la magnificencia de su ser, sólo lo representa como una realidad bellísima a partir de la mención de las piedras preciosas (Ap 4,1-3), para después hablar que del mismo trono, en la parte ubicada en frente de él <>, y finalmente se hace presente el Cordero degollado, y toda la corte celestial realiza el culto de adoración para ellos.

    Esta celebración litúrgica la realizan todos los demás personajes presentes en el cielo: Los veinticuatro Ancianos y los cuatro Vivientes que parecen ser ángeles, pero no se habla de los <siete ángeles>> que están ante la Gloria del Señor según la tradición judía, ya que no aparecen, a menos que sean esas siete llamas que se desprenden del trono y están en la parte frontal, pero la mayoría de los exégetas reconoce que esto es la simbología propia del Espíritu Santo, por lo que no hay que buscarlos en ese texto, simplemente no aparecen en ese contexto de la visión del trono. Sin embargo, el mismo vidente es heredero de esa tradición y lo plasma de una manera clara en las siete cartas que el Espíritu dirige a las iglesias en donde se piensa hay un ángel al frente de ella, pensamos que en sus dos sentidos, pues para algunos especialistas, el término no significa una realidad espiritual, sino que estaría haciendo referencia a los pastores de las iglesias mencionadas que tienen una función de ángeles en cuanto que son los que las cuidan y las conducen; pero también puede ser para los ángeles del cielo que fueron designados por Dios y que están protegiendo a esas comunidades (Ap 2-3), como también se hace mención de los siete ángeles elegidos por Dios para derramar las siete copas del furor de Dios sobre la tierra (Ap 16,1ss).

El Mal espíritu distorsiona y contradice lo dicho por Dios en las Escrituras

   Vamos a situarnos una vez más en el contexto de las tentaciones, en el marco del relato de la caída de nuestros primeros padres en el jardín (Gén 3,1-7), y son su paralelismo del relato de las tentaciones a Jesús en el desierto en la versión del evangelista San Mateo (Mt 4,1-11). En ambos relatos aparece la misma realidad angelical que <>. No olvidemos que la tiene como punto de partida y vimos que va subiendo cada vez más de tono conforme hace más puntiagudo su ataque: tiene como punto de partida la misma Palabra de Dios para darle la apariencia que es parte del contenido de la fe…hasta llegar a la cumbre del descaro con la negación abierta de las verdades reveladas a las que califica de mentiras y por tanto, dignas de ser corregidas por él, naciendo así la verdadera sabiduría. Cuando el ángel caído atacó a Eva por primera vez -estamos desde el lenguaje propio de una batalla espiritual- ella se defendió bastante bien al citar y aferrarse fielmente a la Palabra de Dios… pero en cuanto dio más cabida al pensamiento del ángel caído se vio envuelta perdiendo de vista lo que ya sabía por la revelación divina, y terminó siendo instigada y seducida por la palabra del Maligno en quien ella depositó su entera confianza, dejando de escuchar y obedecer a la Palabra de Dios.

   Esta misma dinámica le pasó a Jesús en el desierto. Satanás cita la Sagrada Escritura manipulándola en la segunda tentación, pues dice: porque está escrito (Mt 4,6), y cita las palabras de la Escritura, pero distorsionando completamente el sentido genuino; sin embargo, el Señor le responde a partir de la misma Escritura pero en plena sintonía y armonía con la intención del Espíritu de Dios: Jesús le dijo: También está escrito (Mt 4,7). La batalla espiritual gira entonces en torno a una interpretación del Ángel caído y a la interpretación del Hijo del hombre ungido por el Espíritu Santo, y esto se transforma en pensamientos en la mente del hombre de acuerdo a la fe que se le ponga en la hermenéutica angelical diabólica o en la hermenéutica del hombre guiado y conducido por el Espíritu Santo, y poder decidirlo está en la libertad humana.

   Como podemos percatarnos, ambos discursos que nacen a partir de la interpretación de la Sagrada Escritura, es decir, tienen la misma fuente que es la Palabra de Dios, no son en sentido estricto de la palabra <<discursos antropológicos>>, inventados y fabricados por la especulación humana, sino que es un discurso <<diabólico>> si lo realiza el Ángel caído, y un discurso del hombre del Espíritu si lo enseña el Maestro Jesús de Nazaret; pero lo interesante del tema es que ambos discursos tienen como punto de partida la Palabra de Dios, por eso la hermenéutica angelical demoníaca es muy atractiva porque tiene el ropaje de ser un auténtico lenguaje religioso. Así, por ejemplo, es muy seductor cuando alguien enseña desde el discurso de la fe que todas las situaciones críticas que estamos viviendo no son castigos, ni maldiciones divinas, sino resultado del abuso de la libertad humana y de la instigación del Demonio quien nos sedujo al pecado del cual libremente quisimos comer. Ante este discurso alguien se acerca y comenta: que curioso; en metafísica nos enseñan la teoría del karma y eso coincide notablemente con lo que se enseña acerca de las consecuencias de nuestros actos de los cuales cada uno es responsable.

La propuesta diabólica de una interpretación <<angelical>> de la realidad

Y aquí está la fuerza y el poder del camuflaje del ángel caído y de los ángeles malditos que presentan un <<discurso>> alternativo que se <<perece>> mucho al discurso revelado por Dios y que si se le permite la entrada hará que finalmente la Palabra de Dios sea dejada fuera, bajo la idea que esa doctrina es sabiduría y responde a las expectativas, por eso aprendamos la regla del juego: Como Jesús de Nazaret, el verdadero Maestro autorizado del Espíritu -nada de un iluminado más en la lista de los grandes maestros del Espíritu, y mucho menos un gurú- quien nos enseña como desenmascarar, denunciar, sofocar y vencer al espíritu del Maligno mediante la iluminación de la Palabra de Dios y de la guía del Espíritu Santo, el ejemplo es muy claro cuando el ángel caído le pide que destierre a Dios de su vida y lo ponga a él como el centro, es la invitación a la apostasía como rechazo de Dios y de la idolatría que le rinde culto al ángel caído, de teología se vuelve angeología, vuelve a asomarse la más grande aspiración diabólica: ser como Dios. Y Jesús lo vence citando la Escritura a quien le da toda la autoridad y a quien se somete en obediencia, escuchándola, obedeciéndola fielmente, y mostrando una docilidad muy a pesar de que es un hombre sano en su mente y su corazón no saca los criterios desde su madurez humana, sino que humildemente se somete a la voz y a la voluntad de Dios expresada en la Sagrada Escritura y leída desde la luz propia del Espíritu Santo; le dijo el Señor:

Apártate, Satanás, porque está escrito: Al Señor tu Dios adorarás, y sólo a él darás culto” (Mt 4,10).

   Jesús teniéndolo todo para ser la medida de las cosas, se deja guiar humildemente por la fuerza del Espíritu Santo recibido en el Bautismo y por la luz de la Palabra de Dios contenida en la Sagrada Escritura, y todo eso apunta precisamente al reconocimiento de la gloria de Dios y de la adoración, expresados en la fidelidad a su Palabra y que posibilita el fin del reino del Príncipe de este mundo y se inaugura la construcción del Reino de Dios.

(Continuará).

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