Nuestros articulos

EN EL MONTE SIÓN HABRÁ SUPERVIVENCIA

mm
Written by Mauricio Ozaeta

En su Santa Palabra Dios utiliza varios recursos literarios para hacer énfasis en algunas enseñanzas o profecías. Varias veces inicia Jesús una exhortación o asegura el cumplimiento de un hecho futuro con la siguiente frase: “En verdad en verdad os digo…”. Pareciera innecesario, pues siendo Él la Verdad Encarnada todo lo que pronuncia es verdad absoluta, y todo lo que está en las Sagradas Escrituras es verdadero sin tener que anteponer esa fórmula de autenticidad. Lo que quiere decirnos Dios con esto es que debemos prestar mucha atención a algunas revelaciones por ser de suma importancia para nosotros y para nuestra salvación.

Lo mismo ocurre cuando una misma profecía aparece en varios libros de la Biblia, habiéndose dado en un momento a través de un profeta, reafirmándose en otro tiempo a través de otro mensajero de Dios. Tal es el caso de la profecía que dice: “En el monte Sión habrá supervivencia, será lugar Santo” (Ab 1,17). Esta profecía de Abdías está también en 2 R 19,31, en Is 37,32 y en Jl 3,5. El actual monte Sión, en la colina occidental al sudoeste de la ciudad, es un lugar poco poblado. No se trata de un barrio residencial de Jerusalén, sino de un pequeño monte donde habitan unas pocas personas, la mayoría monjes o religiosos: allí se encuentra el convento de los Benedictinos, la Iglesia de la Dormición y el Cenáculo. ¿Es relevante una profecía que por cuatro veces en la Biblia anuncia que unos pocos sobrevivirán en ese lugar de la Ciudad Santa? Sabiendo que en las Sagradas Escrituras Dios habla a todos los hombres de todos los tiempos, ¿qué significa para nosotros esta repetida profecía?

Gracias a las maravillosas notas explicativas de la Biblia Straubinger, comprendemos cómo evoluciona el término “monte Sión” en la Biblia. La primera vez que aparece en la Biblia es en el segundo libro de Samuel (2 S 5,7), donde se narra que el Rey David conquistó la fortaleza de Sión, en el lugar donde, desde entonces hasta hoy, se conoce como Ciudad de David, en la parte baja de la colina oriental de Jerusalén. Pero luego su significado se expande para pasar a incluir el Templo de Salomón y luego también toda el área que lo rodeaba, es decir, toda la colina oriental. Después fue usado como nombre alternativo para toda Jerusalén, para toda la tierra de Judá, y eventualmente para toda la región de Canaán.

Luego de ver que el monte Sión cambia de lugar, de la colina oriental a donde está hoy en la colina occidental, y de expandir su alcance para abarcar una región cada vez mayor, vemos que esta metamorfosis de significado da un giro interesante: pasa de un sentido físico a un sentido espiritual. Así dice un fragmento el salmo 132:

Porque Yahveh ha escogido a Sión, la ha querido como sede para sí: «Aquí está mi reposo para siempre, en él me sentaré, pues lo he querido».” (Sal 132,13-14)

Dios no puede habitar eternamente en un templo de piedra hecho por el hombre. Se vislumbra en este salmo un sentido espiritual y profético. Dios ha decidido morar en un monte escogido: el alma del hombre. La profecía que asegura supervivencia en el monte Sión, dada por los profetas Abdías, Joel e Isaías, y que también aparece en el Segundo Libro de los Reyes, se cumple en ese templo eterno: el hombre que haya hecho de sí mismo un Santuario Vivo de Dios. Esto se evidencia en un vital anuncio hecho por María Santísima el 15 de julio de 2007, mensaje que forma parte de la Devoción a la Preciosísima Sangre dada en Nigeria, que dice así:

¡Cuán bendito es el Templo en el que habita el Dios del Cielo!
Como el Monte Sión, miles de Santos Ángeles lo rodearán y defenderán.
En ese Templo, la gloria del Altísimo será revelada.

Lo que están protegiendo los Santos Ángeles de Dios no es un ser humano en sí, sino un Sagrario donde verdaderamente mora la Sagrada Eucaristía.

Gracias a este mensaje de nuestra buena Madre Celestial, ahora comprendemos que el Salmo 91 tendrá su cumplimiento pleno en el hombre y en la mujer donde more el Dios Altísimo:

Tú que te abrigas en el retiro del Altísimo,
y descansas a la sombra del Omnipotente,
di a Yahvé: «¡Refugio mío y fortaleza mía, mi Dios, en quien confío!»
Porque Él te librará del lazo de los cazadores y de la peste mortífera.
Con sus plumas te cubrirá, y tendrás refugio bajo sus alas;
su fidelidad es escudo y broquel.
No temerás los terrores de la noche,
ni las saetas disparadas de día, ni la pestilencia que vaga en las tinieblas,
ni el estrago que en pleno día devasta.
Aunque mil caigan junto a ti y diez mil a tu diestra, tú no serás alcanzado.
Antes bien, con tus propios ojos contemplarás, y verás la retribución de los pecadores.
Pues dijiste a Yahvé: «Tú eres mi refugio», hiciste del Altísimo tu defensa.
No te llegará el mal ni plaga alguna se aproximará a tu tienda.
Pues Él te ha encomendado a sus ángeles, para que te guarden en todos tus caminos.

¿Cómo puede permanecer en pie y sin rasguño una persona que contempla como once mil personas acaban de morir a su lado? La respuesta es a la vez poderosa y simple: protección angélica por disposición divina para resguardar su morada y manifestar su gloria ante todos los hombres.

Esta protección de ángeles ya estaba prefigurada en el Antiguo Testamento a través de lo acaecido con el Arca de la Alianza. La misma venía a ser como la “contenedora de lo divino”, pues portaba el maná, las tablas de la ley y la vara de Aarón (estos prefigurando la Eucaristía, la divina y santa Ley escrita en el corazón de los hijos de Dios, y el Ministerio Sacerdotal).

Recordemos que el Arca de la Alianza fue hecha según indicaciones divinas:

Se fabricará un Arca de madera de acacia, de dos codos y medio de largo, codo y medio de ancho, y codo y medio de alto (…). Harás, además, dos querubines de oro; los harás de oro labrado a martillo, en los dos extremos del propiciatorio. Haz un querubín en un extremo y el otro querubín en el otro extremo. Haréis los querubines de tal manera que formen una sola pieza con el propiciatorio, a sus dos extremos. Los querubines estarán con sus alas extendidas hacia arriba, cubriendo con ellas el propiciatorio, uno frente al otro y con las caras vueltas hacia el propiciatorio (Ex 25,10-20).

Leyendo el primer libro de Samuel, vemos que estos querubines que cubrían por encima el Arca de la Alianza, no eran simplemente adornos de oro. Por la infidelidad y el proceder impío de Elí y de sus hijos Jofní y Pinjás, el pueblo hebreo perdió dos batallas ante los filisteos, quienes tomaron el Arca de la Alianza como botín (1 S 2,12-35; 1 S 3,11-14; 1 S 4,1-17).

El Arca de la Alianza estuvo siete meses entre los filisteos, quienes estaban agrupados en varias ciudades; en las que estuvo causó desgracias. Se introdujo el Arca del Dios de Israel en el templo de Dagón en Asdod, y la estatua de Dagón amaneció un día en el suelo de bruces, y al día siguiente lo mismo pero destrozada. Los asdodeos fueron heridos con tumores y se llenaron de temor, pues comprendieron que protectores invisibles del Arca de la Alianza tumbaron dos veces al suelo su dios Dagón y castigaron al pueblo con dura enfermedad, por lo que decidieron trasladar el Arca a Gat. En Gat causó también estragos, y decidieron mandarla a Ecrón, donde también causó gran mortandad, y los que no murieron clamaron con alaridos de dolor y angustia, hasta que todos decidieron regresar su Arca a los israelitas (1 S 5,6-12). Estos protectores invisibles eran los querubines que la protegían, demostrándose que las imágenes de oro sobre el Arca representaban a sus verdaderos guardianes.

La enseñanza para nosotros es potente: donde Dios mora, Él ordena poderoso cuidado y defensa angelical. Si el Arca de la Alianza gozaba de tal protección, ¿cuánto más una persona que se constituya Templo Vivo de Dios? ¿No es infinitamente mayor la Eucaristía que el maná que estaba dentro del Arca? El Arca de la Alianza era figura de María Santísima, quien es la verdadera “portadora de Dios”. Pero también nosotros, a ejemplo y con la ayuda de la Santa Madre de Dios, estamos llamados a ser Arca de la Alianza, Santuarios donde more Jesucristo en Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad.

¿Cómo podemos ser Templos del Dios Altísimo? ¿Qué debemos hacer para llegar a ser ese monte Sión del que habla la profecía de Abdías, Isaías y Joel donde habrá supervivencia? Para esto debemos vivir en estado permanente de Gracia, frecuentar los Sacramentos tanto como nos sea posible, y ofrecernos de manera constante a Dios como almas víctimas reparadoras y como soldados de su ejército, por el triunfo del Sagrado Corazón de Jesús y del Inmaculado Corazón de María.

Una manera especialmente entregada y heroica de vivir este estado de Gracia permanente, disposición reparadora y entrega incondicional a Dios, es aquella a la que nos llama Jesucristo con la Devoción a la Preciosísima Sangre, dada por Él mismo en Nigeria. Jesús nos llama a velar en Getsemaní y permanecer con Él en agonía para apresurar la venida de su Glorioso Reino de Paz a la Tierra. Se trata de un mandato divino. “Quedaos aquí y velad” (Mc 14,34); estas fueron las palabras de Jesús a sus amigos cuando iba a orar en Getsemaní, donde sufrió gran angustia y agonía por nosotros hasta el extremo de sudar sangre. Lo ordena porque sabe que necesitamos orar y velar con Él en Getsemaní para no caer cuando llegue la prueba. Pedro no obedeció y sucumbió en la primera prueba. Lo mismo Santiago quien abandonó al Señor en su pasión. Si hacemos caso omiso de esta orden de Cristo, también nosotros lo negaremos o lo abandonaremos cuando llegue la hora terrible.

Jesús nos entregó en Nigeria esta devoción, la cual incluye las oraciones denominadas “la hora de Getsemaní”, que se deben hacer todos los jueves de 11pm hasta las 3am del día viernes, por seis meses consecutivos, para proceder a consagrarse a la Preciosísima Sangre. De este modo el consagrado queda sellado con la Sangre Preciosa de Jesucristo, el precio de nuestra Redención, quedando marcado como miembro del pueblo de Dios, del mismo modo en que los israelitas marcaron el dintel y las jambas de las puertas de sus casas en Egipto para ser preservados del Exterminador (Ex 12,23). Se trata de diez oraciones, que se hacen dentro de ese espacio de tiempo de cuatro horas cada semana, oraciones poderosísimas y gran valor que fueron dadas por Nuestro Señor Jesucristo como parte de esta devoción.

Nuestra Madre Celestial también nos pide difundir esta devoción y rezar la coronilla de la Preciosísima Sangre, como se pude apreciar en el mensaje del 14 de julio de 1998: “La Preciosa Sangre de Mi Hijo está continuamente derramándose por Sus hijos de esta última era. Adoren la Preciosa Sangre e invóquenla siempre para su protección. A través de la Coronilla de la Preciosa Sangre de Mi Hijo, el Reino de Dios vendrá al mundo. Órenla y denla conocer a todos los hombres. Hijos, así como ustedes han propagado Mi Rosario, Yo los urjo a difundir esta devoción. Yo estoy con ustedes. Yo lucho por ustedes.”

Cuando Jesús estaba padeciendo en el Huerto de los Olivos, el único consuelo que tenía era ver a sus amigos que lo acompañaban en su agonía, velando con Él en Getsemaní. Esto fue revelado en el mensaje del 20 de abril de 2000: “Yo estoy aquí llamando a Mis elegidos para que escuchen la más grande agonía que sufrí por ustedes. Escucha, hijo Mío, cuando estaba solo y totalmente abandonado tanto por el hombre como por Dios Padre, el día que estuve en Getsemaní, ustedes fueron Mi único consuelo. El maligno Me mostró Mi total abandono y la falta de fe de este mundo. En gran agonía y pena, sudé sangre por ustedes. El Ángel de Mi consuelo, Me consoló mostrándome a ustedes. Hijos Míos, verdaderamente los vi, Yo sabía sus nombres. El Ángel Me repetía Sus nombres. Yo los llevaba en Mi Corazón.

El Catecismo dice en el numeral 677: “La Iglesia sólo entrará en la gloria del Reino a través de esta última Pascua en la que seguirá a su Señor en su muerte y su Resurrección”. La Iglesia, que es el Cuerpo Místico de Cristo, debe pasar por su pasión, como su Cabeza que es Cristo pasó por su pasión, pues “no está el discípulo por encima del maestro” (Lc 6,40). Jesús reservó esta devoción para este tiempo porque ya estamos viviendo esta durísima purificación predicha en el Catecismo del Papa Juan Pablo II. La Iglesia ya fue traicionada y entregada a sus enemigos: comunismo, masonería, protestantismo. Aceptemos padecer esta segunda pasión. Permanezcamos en vela con Cristo en Getsemaní, acompañándolo en su agonía, y llenándonos de las gracias celestiales que nos permitirán superar la prueba cuando seamos tentados para abandonarle, negarle o traicionarle.

Preparémonos para sufrir la pasión de la Iglesia Católica y Apostólica con el amado Esposo, para que con Él resucitemos, luego de pasar por el momento más duro y doloroso de toda la historia de su Iglesia, a la cual tanto amó que dio su vida por ella. También nosotros debemos estar dispuestos a dar nuestra vida por Cristo, por su Iglesia y por el Evangelio.

Sobre la aprobación eclesial de esta devoción

Los mensajes de la devoción han recibido el Nihil Obstat oficial del Reverendo Stephen Obiukwu, una autoridad arquidiocesana. El libro de oraciones, dictado por Jesús a Bernabé, ha recibido el Imprimatur del Obispo Ayo María Atoyebi de la diócesis de Ilorín. El Obispo Anthony Mbuji, de la diócesis de Nwoye designó una comisión, la cual concluyó que los mensajes coinciden ampliamente con la Doctrina Católica.

La Devoción a la Preciosa Sangre ha sido instituida en la diócesis Ilorín, y se lleva a cabo todos los jueves. La mayoría de los mensajes fueron recibidos durante la exposición del Santísimo Sacramento en la parroquia del vidente, la iglesia de San José, Enugu, Nigeria. Los mensajes recibidos son siempre revisados y aprobados por el director espiritual de Bernabé, el Rev. Bonifacio Onah, antes de ser leídos a los presentes durante las apariciones.

Los mensajes desde 1997 a 2000 fueron revisados por una Comisión Teológica ordenada por el Obispo Antonio Gbuji de Enugu. Todos ellos han recibido el Nihil Obstat del Rev. Fr. Esteban Obiukwu, encargado de Propagación de la Fe. Mons. Calixtus Onaga actual Obispo lo tiene aprobado y la cabeza a nivel mundial es el Obispo Mons. Ayo Maria Atoyebi.

Mauricio Ozaeta

About the author

mm

Mauricio Ozaeta

Nacido en Caracas en 1970, de padre español y madre colombiana. Ingeniero de Sistemas, con maestría en Telecomunicaciones. Trabajó siempre en el sector de tecnología. En 2016 dejó de trabajar para el mundo por inspiración divina, y llevado por la mano de María Santísima se entregó por completo al servicio de Dios, con tres principales misiones dadas por el cielo: alertar la proximidad de la Parusía, anunciar el Reino de Dios en la Tierra, y difundir la devoción a la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo (nacida en Nigeria). Es autor del libro “Quinto Reino – Un Mensaje de Esperanza Renovada”, y su página web es www.yalleganuestraliberacion.com (mismo nombre de su canal YouTube: YA LLEGA NUESTRA LIBERACIÓN).
[email protected]
.

6 Comments

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: