«Qué bien se está aquí, hagamos tres tiendas». Humana disposición a echar raíz en lo apacible.
Pero hay que volver a la brega diaria. Hay que volver, una y otra vez al amor aterrizado, a la intemperie, a los caminos que recorremos cargados de nombres y de preocupación cotidiana.
Hay que volver a las encrucijadas donde toca optar, renunciar y elegir; a los días intensos, de búsquedas, ojeras, anhelos y horas estiradas.
Hay que volver a los días grises, a las preguntas, al no saber, a la inseguridad reflejada en un espejo, a la tenacidad, y a la resistencia.
Hay que volver a lo acostumbrado; pero no con desgana o arrastrando a la existencia y el ánimo, sino con la gratitud y la esperanza por banderas.
J. Molaizola.
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