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Y TÚ, ¿QUÉ VAS A HACER ESTA NOCHE A LAS 12?

Terminamos hoy el año 2017. No sé a ustedes, queridos lectores, pero a mi, personalmente, me ha parecido un año “duro de pelar”, es decir, difícil de asimilar por muchas cosas, sin tratar de ser pesimista. En ocasiones he llegado a pensar que estaba soñando, principalmente  al ver la Iglesia y todos los acontecimientos que hemos podido constatar,  porque este 2017 ha sido un año de graves errores y de caída libre, según mi entender . No quiero pararme ahora a hacer aquí una valoración de todo lo sucedido. Para eso tienen ustedes los artículos que hemos publicado y que dejan ver el estado terrorífico de las cosas, en el mundo y en la Iglesia. Parece que somos como la mujer a la que le ha llegado la hora del parto y se encuentra con los dolores agudos que desembocan en el nacimiento. En un parto se empieza con dolores que van aumentando en intensidad y en tiempo. Al principio son dolores soportables, y que dejan un respiro entre dolor y dolor. A medida que se acerca el alumbramiento, esos dolores son cada vez más intensos y más cercanos, sin dejarte casi ni tiempo al descanso. La mujer que da a luz cada vez siente con mayor intensidad la llegada inminente del hijo por nacer y siente que sus fuerzas van disminuyendo. Así lo he vivido este año. Ha llegado un punto en el cual a veces me siento agotada, sin fuerzas y sin ánimo para seguirles relatando las terribles cosas que diariamente siguen sucediendo en la Iglesia, provenientes, la mayoría de las veces, de quienes debieran velar por nuestra fe, y que más bien parece desean destruirla. Pero, a pesar de ello, la madre que alumbra, tiene la esperanza de ver pronto el rostro de su hijo. A pesar de tanto cansancio, de tanto dolor, sabe que la recompensa es grande: nada menos que abrazar al niño de sus entrañas. Por eso quiero pensar que estos dolores que han iniciado con fuerza y velocidad insuperable, como cuando a la madre los doctores ponen en su vena oxitocina para apresurar el parto, desvelan que pronto estaremos, si no lo estamos ya, por ver el cumplimiento de la Segunda Venida de Cristo, pero ahora estamos en la fase de los dolores y tiene que cumplirse  aquello que dice el catecismo:

La última prueba de la Iglesia

675 Antes del advenimiento de Cristo, la Iglesia deberá pasar por una prueba final que sacudirá la fe de numerosos creyentes (cf. Lc 18, 8; Mt 24, 12). La persecución que acompaña a su peregrinación sobre la tierra (cf. Lc 21, 12; Jn 15, 19-20) desvelará el “misterio de iniquidad” bajo la forma de una impostura religiosa que proporcionará a los hombres una solución aparente a sus problemas mediante el precio de la apostasía de la verdad. La impostura religiosa suprema es la del Anticristo, es decir, la de un seudo-mesianismo en que el hombre se glorifica a sí mismo colocándose en el lugar de Dios y de su Mesías venido en la carne (cf. 2 Ts 2, 4-12; 1Ts 5, 2-3;2 Jn 7; 1 Jn 2, 18.22).

¿Acaso no está siendo sacudida la fe de numerosos creyentes al ver tantas abominaciones dentro de nuestra Iglesia? ¿Acaso no estamos viendo como la herejía es aceptada y no se combate por parte de quienes deben poner los medios para hacerlo, y solo un número reducido de obispos, sacerdotes fieles y laicos arremeten contra tanta apostasía?

Recientemente hemos celebrado el primer aniversario de Como Vara de Almendro. Muchos lectores se han puesto en contacto con nosotros,  agradeciéndonos el haberles ayudado a discernir Los Signos de los Tiempos que sin duda están bien claros para quienes buscan la verdad, para aquellos que no se conforman con mirar a otro lado. Dijo Cristo que quien busca, halla, y que a quien llama, se le abre. Muchos hermanos en la fe han ido abriendo los ojos a una realidad no grata, desde luego, pero esa realidad, esa verdad que han entendido y aceptado les ha hecho libres, como dijo también el Señor. Damos gracias a Dios por habernos permitido ayudar a tantos hermanos en la fe a lograr esa libertad. Esa luz que hemos tratado de encender para brillar, no bajo el celemín, sino para que alumbre a los de la casa, a los hermanos católicos, a nuestra familia espiritual.

Hace un par de días, un amigo que vive en América me preguntó: Montse, ¿cómo celebráis en tu país el final de año? Con tristeza le dije que en Europa, y obviamente, en España, esta noche era una mala noche para muchos. La gente solo piensa en una cena opípara, en los bailes y el cotillón, en las uvas, en el alcohol y en pasarlo bien. Se olvida, por lo general, la importancia del momento, el balance, el arrepentirse de lo malo que se hizo en el año, el valorar lo bueno que hemos recibido de Dios en esos 365 días. Se pasa por alto todo lo que sea pensar en la nueva oportunidad que Dios nos brinda al comenzar otro año, y de este modo nos volvemos irreflexivos, olvidadizos, egoístas, mundanos…….

Este día, hoy, se desprende la última hoja del calendario de 2017. Con él se han ido 365 días de nuestra existencia. 365 días que Dios nos prestó y que ya no volverán. ¿Cómo los hemos empleado? ¿Hemos dado todo lo que podíamos dar? O por el contrario, ¿hemos escondido los talentos bajo tierra y al terminar el año los devolvemos sin crecimiento alguno, o tal vez sin ningún interés?

Hace escasos días, murió un buen amigo: Tomás. Para él, el año 2017 iniciaba como para ti y para mi inicia este 2018. Con 365 páginas por escribir. Él no logró llenarlas todas. La muerte siempre nos hace pensar, la muerte es impredecible. ¿Cuándo nos llamarás, Señor? ¿Estaremos preparados cuando lo hagas?

Esta noche es una noche problemática. Mucho alcohol, muchas drogas entre los jóvenes, diversiones y pecados que, para muchos en el mundo hoy serán sus “últimas páginas”…….. muchos perderán la vida en las carreteras, al volver de fiesta, en un coma etílico o en una fatalidad imprevista……. y sigo preguntándome, ¿en gracia o en desgracia de Dios? ¿Tendrán tiempo de pedir perdón y arrepentirse?

No sé ustedes, queridos lectores. Pero personalmente pienso que debemos terminar el año y empezarlo de un modo distinto. Reunirnos con nuestros familiares y seres queridos para celebrar una cena de fin de año, es una idea excelente. Abrazarnos, pedirnos perdón, proponer mejorar……. Pero voy más allá. Muchos años he tratado de hacer un alto en el camino y silenciarme justo a las 12 de la noche, en el lapso de tiempo en que dejamos un año y empezamos otro, justo en el momento de las campanadas. A muchos les parecerá una locura encerrarse a orar a esa hora. Parece que no tomar las 12 uvas al sonar las campanadas del Año Nuevo sea algo imperdonable. Pero creo que tal y como está todo, no sea tan mala idea terminar orando, dando gracias por el año que ha pasado, y empezar orando, agradeciendo que aún estamos con vida, que podemos cambiar, que podemos dejar atrás aquello que nos hizo daño y proponer avanzar en la dirección de nuestra santidad. Les recomiendo hacer una lista con dos apartados: en una de las partes escribir lo que debemos cambiar y mejorar; en la otra anotar los favores recibidos en el 2017 y agradecer a Dios por habernos permitido obtener esas gracias. Al sonar las campanadas pedir saber aprovechar todo lo que nos suceda en el año que comienza.

Por mi parte, cuenten todos con mis oraciones esta noche. Este año acudiré, Dios mediante, a una Vigilia de Oración, con una misa a las que iniciará a las 11 de la noche en el Templo Expiatorio del Tibidabo, montaña desde la cual se contempla la ciudad de Barcelona, símbolo de todas las ciudades y lugares del mundo, ciudades y pueblos que esta noche verán en sus calles y plazas, en locales nocturnos y clubes, tanto pecado.  Pienso que es la mejor manera de ponernos todos en los brazos amorosos de Dios el hacer este parón y darle gracias, pedirle por nuestras necesidades y las del mundo que tan necesitado está del Amor y de la Misericordia de Dios y rogarle nos ayude en todas las cosas que tendremos que enfrentar en este año nuevo.

A todos, queridos lectores, les deseo un santo y muy feliz 2018, siempre en la compañía de Jesús, José y María, la Sagrada Familia de Nazareth, cuya fiesta hoy celebramos. Se suman a este deseo todos los componentes de Como Vara de Almendro. Les pedimos encarecidamente nos recuerden siempre en sus intenciones de oración, para lograr, si Dios así lo dispone, continuar con nuestro trabajo de evangelización.

¡Gracias y mil bendiciones de parte del Señor para todos!

Montse Sanmartí

About the author

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Montserrat Sanmartí Fernández

Católica. Casada y madre de 10 hijos. Implicada desde 2009 en la defensa de la vida a través de CIDEVIDA. Delegada de Sanación Postaborto en el Viñedo de Raquel en España. Escribo por vocación como inquietud de llamada interior y deseando cumplir desde mi pequeñez el mandato que Cristo nos dio: “Id por todo el mundo y proclamad el Evangelio a toda criatura”. Ya no hay excusas. Se puede evangelizar en todo el mundo, sin movernos de nuestra casa. Todo sea a mayor gloria de Dios y salvación de las almas.
montse.sanmarti@comovaradealmendro.es

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4 Comments

  • Montserrat, a Dios gracias, cada vez son más personas en solitario, en comunidades, o, en grupos de fieles aunque pequeños, que nos retiramos para orar en ese intervalo de la medianoche para dar gracias, pedir perdón y en desagravio por los pecados de esa noche; algunos asistiendo en Misa y contemplando el gran milagro, justo en el momento en el que el reloj da las campanadas de las doce, mientras se eleva la Sagrada Forma convertida en el Cuerpo del Señor, Rey del universo; hay incluso quien recatadamente
    no para de enviar besos de amor y desagravio al que en esa noche está tan olvidado, el Señor, Jesús. Dios tendrá misericordia de su pequeño resto y alumbrará un nuevo día con nuevos horizontes. Feliz Año Nuevo 2018.

  • Mil gracias Montse por el trabajo tan excelente que haces tú y tu equipo. Estoy de acuerdo contigo, creo que ya empezó la sacudida, quiera Dios despertar el interés en tantas personas cómodas que prefieren hacer como que no pasa nada en nuestra amada Iglesia, la cual está llamada a ser un estándar en cuanto a moral y amor y todos los valores Evangélicos, ya que debe reflejar la Luz del Señor y mover al Mundo, no moverse con el mundo (Chesterton). Que el Dios Trino y Uno te siga bendiciendo y llenando de fortaleza y Nuestra Madre Santísima te cubra con su manto maternal. Te necesitamos, la Iglesia demanda gente valiente como tú.

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