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SERMONES SOBRE LA NAVIDAD (4). SAN BERNARDO

SERMON CUARTO

Sobre el medicamento de la mano izquierda del esposo y los encantos de su mano derecha

Capítulo 1

No es costumbre en nuestra Orden tener hoy sermón. Pero como mañana precisaremos de bastante tiempo en la celebración de las misas, no lo tendremos para un sermón largo. Por eso pienso que no es un despropósito preparar ya hoy vuestros corazones para una solemnidad tan importante; sobre todo, cuando se trata de este insondable misterio y de su incomprensible profundidad. Es como la fuente viva: cuanto más se extrae, tanto más fluye, sin asomo de agotamiento.
Además, conozco vuestros frecuentes sufrimientos por Cristo, y quiero que rebose vuestro consuelo en Él. No es conveniente ni lícito brindaros algún consuelo humano. Sería bochornoso y de nada serviría. Pero lo más lamentable es que sería un obstáculo al auténtico y saludable consuelo. Por eso, el que es la delicia y la gloria de los ángeles, se hizo salvación Y consuelo de los miserables; quien es grande y sublime en su ciudad glorificando a los habitantes e allá arriba, se vuelve pequeño y humilde en el destierro, alegrando sobremanera a los exiliados; y el que en lo alto es la gloria del Padre se hizo en la tierra paz para los hombres de buena voluntad.
Se ha hecho niño para los niños y grande ara los grandes. A aquéllos los justifica siendo niño, para ensalzarlos después y glorificarlos siendo grande y glorioso. Por eso existe aquel instrumento elegido, que todo lo recibió de la plenitud de este niño. Aunque pequeño, está colmado; colmado de gracia y de verdad; y en él habita corporalmente la plenitud de la divinidad. Por eso, repito, Pablo eructa ese bello poema que habéis oído con frecuencia durante estos días : Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito, estad alegres. Estad alegres, dice, por lo que veis; y alegraos también por la promesa que recibís. Porque el misterio y su correspondiente esperanza rezuman gozo. Alegraos, porque ya habéis recibido los regalos de la mano izquierda; alegraos, pues aguardáis los premios de la derecha. Dice: Pone su mano izquierda bajo mi cabeza y me abraza con la derecha. La mano izquierda sosiega; la derecha acoge. La izquierda cura y santifica; la derecha a raza v glorifica. En la izquierda deposita sus méritos; en la derecha, sus premios. Insisto: la izquierda contiene los remedios, y la derecha los deleites.

CAPÍTULO 2

Pero fíjate en este médico piadoso, observa al médico sabio. Considera con suma atención qué lote de medicamentos recientes trae. Mira el valor y la calidad; pues no sólo son muy útiles para curar, sino agradables a la vista y de buen paladar.
Bueno, repara en la primera medicina. La tiene en a mano izquierda. Se refiere a su concepción sin concurso de varón. Indaga, por favor, en esta realidad tan excepcional y admirable como gozosa y amable. ¿Hay algo más hermoso que una generación límpida? ¿Qué puede superar en gloria a una santa y auténtica concepción, sin menoscabo del pudor y sin mancha de corrupción? Pero quizá se enfriaría un poco en nosotros la admiración de tal novedad, aunque agradable, si no deleitara también nuestro espíritu el fruto de salvación y el sentido de lo útil. Esta concepción es gloriosa, sí, en su misma forma externa; pero, sobre todo, es preciosa en su dinamismo interno. Como dice la Escritura: en la izquierda del Señor se hallan inseparables el honor y las riquezas. Me refiero a las riquezas de salvación y al honor de lo nuevo.
¿Quién podrá transformar en puro al que fue concebido de germen impuro? Tú solo, el único concebido sin placer inmundo e ilícito. En mi misma raíz y origen me encuentro infecto y manchado. Mi concepción es inmunda. Pero hay quien puede eliminar este trastorno: el único que esta libre de él.

CAPÍTULO 3

Tengo las riquezas de la salvación. Por ellas puedo recuperar la pureza de mi concepción persona. Me refiero a la concepción inmaculada de Cristo. Añade más, Señor Jesús; renueva los prodigios, cambia los portentos, Pues todo lo anterior ha perdido lozanía por su misma costumbre. Indudables y grandes prodigios son la salida y el ocaso del sol, la fecundidad de la tierra, el fluir de las estaciones. Pero todo esto nos es tan familiar que ya ni nos impresiona.

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Como Vara de Almendro

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