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La cizaña abunda y el trigo está desapareciendo

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Written by Padre Elías

Hermanos:

En el Evangelio del domingo pasado, el Señor nos presentaba tres parábolas.  La más detallada es la de la cizaña y el buen trigo.

El hombre que sembró la semilla en su campo es el Señor y el campo es de su propiedad.  Ese campo es el mundo, su creación, el corazón del hombre, donde Dios siembra su Palabra.  Todo lo bueno sale de Dios.

Dios sembró con tanta paciencia desde el momento de la creación y al pueblo de su propiedad que era de dura cerviz lo fue apacentando y conduciendo con ternura y también con mano dura cuando fue necesario.

Nos dejó su Palabra, sus Mandamientos para que tengamos vida. El dueño del campo es Dios pero nos ha colocado a administrarlo.

El enemigo es el demonio y él aprovecha para sembrar la cizaña mientras todos duermen. Por eso hay que velar y orar para no caer en la tentación.

Mientras Nuestro Señor Jesús prometió estar siempre con nosotros hasta la consumación de los siglos, el diablo viene a hacer el mal y luego se va. Esa cizaña sembrada en el corazón de los hombres aunque el demonio se vaya, comienza a hacer su efecto nefasto en nuestras vidas.

Desde el primer pecado de la humanidad siempre ha estado presente la cizaña en medio del trigo. Muchas veces nos hemos preguntado: ¿Si Dios todo lo ha hecho bien, por qué existe el mal en el mundo?. Es la pregunta que hacen hoy en la parábola.

La respuesta es clara: “Un enemigo lo ha hecho”.  La cizaña nunca viene de los amigos de Dios. Quién la siembra es su enemigo, así lo ha dicho Dios en su Palabra.  Por eso cada vez que veamos a los que enseñan cosas contrarias a la Palabra de Dios, estos son enemigos de Dios y de su Iglesia.

Hay celo en los que se ofrecen a arrancar la cizaña pero a veces también tenemos que aprender y dejarnos conducir por el Señor que es el que guía y conduce la historia.  Podemos muchas veces hacer mal cuando nos dejamos llevar por un falso celo.  Hay también el riesgo de creernos trigo y de ver la cizaña en los demás.  Aquí hay que pedirle al Señor el espíritu de discernimiento para ver también en nuestro corazón las realidades de cizaña que tenemos que limpiar con la gracia de Dios de cada uno de nosotros. Es fácil sentirnos buenos y apuntar el dedo.

El Señor en su sabiduría nos pide prudencia. A veces aunque se vea claro dónde está la cizaña, podemos hacer daño a otros que tienen una fe más débil.  Con el tema de Francisco por ejemplo no podemos siempre hablar abiertamente en todos los ambientes porque si están presentes personas que no tienen fortalecida la fe pueden terminar alejándose. Hay que hacer primero todo un proceso de catequesis para que luego las personas comprendan todo lo que está pasando en la Iglesia.

Hay una promesa del Señor que al final de la siega enviará a sus ángeles para separar el trigo en los graneros y la cizaña para quemarla en en fuego. Pidamos la gracia que al momento que seamos llamados a su presencia, seamos trigo y no cizaña. Sin Él no podemos hacer nada.

Con dolor vemos que el enemigo lo tenemos dentro de la misma Iglesia y que cada día la cizaña crece abundantemente y el trigo parece ser más poco.  Pero la segunda parábola nos da ánimo al pensar que el grano de mostaza siendo la semilla más pequeña, habrá luego un árbol grandísimo. Así fueron los comienzos de la predicación del Señor con un pequeño grupo de pescadores en las orillas del lago de Galilea.  Ahora somos de nuevo pocos pero el Señor hará triunfar a esta pequeña Iglesia perseguida.

Fieles a la Palabra de Dios y al Magisterio estamos siendo levadura que fermenta toda la masa.

Demos gracias al Señor que nos revela los secretos desde la fundación del mundo.

El que tenga oídos que oiga.

Padre Elías

 

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Padre Elías

padre.elias@comovaradealmendro.es
Sacerdote. Estudioso de la Doctrina de la Iglesia y defensor de la Santa Madre Iglesia Católica contra todas las herejías.

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2 Comments

  • Dios os bendiga abundantemente. Maravillosa defensa al Canal Teleamiga. Esta semana el evangelio nos ha insistido en: Tienen ojos y no ven, tienen orejas y no oyen. Dichosos vuestros ojos porque ven y vuestros oidos porque oyen.

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