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Edith Stein : Una gran defensora de los verdaderos derechos de la mujer

 

En éste Día Internacional de la Mujer, desde Como Vara de Almendro, queremos resaltar la figura de una gran mujer, una intelectual, feminista, que abogó por los derechos de las mujeres en la sociedad de su tiempo, y que años más tarde fue declarada santa. Un ejemplo a seguir hoy día, en que a las mujeres se les quieren vender falsedades y engaños en referencia a sus supuestos mal llamados derechos.

Edith Stein, nació el 12 de octubre de 1891 en Breslau, Alemania (actualmente la ciudad polaca de Wroclaw). Su padre, Siegfried, murió cuando ella tenía sólo 2 años de edad y su madre, Auguste, se encargó del negocio familiar para sacar adelante a sus 7 hijos.

Inteligente, estudiosa, vivaz, debió luchar contra los prejuicios de la propia familia para poder llevar adelante sus estudios en una época en la que no se consideraba necesario que la mujer tuviese formación intelectual.

Al llegar a la juventud se declaró atea y comenzó un esfuerzo decidido y constante por encontrar la verdad. Se convirtió en una de las primeras mujeres en la universidad, estudió Filología Germánica, Historia y Psicología; era miembro de la “Asociación prusiana para el sufragio de las mujeres” que consiguió el voto femenino en 1918. “Siendo alumna y universitaria joven fui una feminista radical” (1). Declaraba abiertamente que no estaba dispuesta a dejar la profesión por el matrimonio, la familia y los hijos. Desde 1913 fue discípula de Edmund Husserl, se licenció en filosofía en 1915 e hizo su doctorado en 1916 en “El problema de la intuición”, transformándose en ayudante de Husserl en la Universidad de Friburgo.

Regresó a Breslau en 1918 y postuló a una cátedra en la universidad, que le fue negada por ser mujer. Esto la llevó a entablar una lucha para abrir la docencia a todos los niveles educativos a las mujeres de las futuras generaciones. En 1920 el gobierno publicó un decreto a favor del acceso a oposiciones a cátedra universitaria para las mujeres.

Se dedicó a la docencia, especialmente dirigida a mujeres a las que instó a no conformarse con una educación mediocre y a esforzarse por hacerse presentes en todos los campos del actuar y del pensar. Para ella ninguna profesión les estaba vedada y era mucho lo que podían aportar a la sociedad. Atendía personalmente a cada una de sus alumnas y en su búsqueda por apoyar y ayudar al mayor número posible de mujeres publicó su “Carta mensual para mujeres profesionales”.

En 1932 fue llamada al Instituto Alemán de Pedagogía Científica en Münster. Poco después comenzaron los disturbios que precedieron a la II Guerra Mundial y la expulsaron del Instituto por su conocida ascendencia judía y la abierta defensa que hacía de su pueblo. De nada le sirvió su conversión al catolicismo ocurrida 10 años antes.

Entre 1928 y 1933 dio una serie de grandes conferencias sobre la mujer (2), presentando una imagen de ella que resultaba revolucionaria para la época. Estaba convencida que la solución de los problemas del mundo requería que a la mujer se le ayudara a madurar humana y espiritualmente. Exhortaba a favorecer una educación basada en valores tanto para hombres como para mujeres, dado que la construcción de la sociedad compete a ambos y deben realizarla en conjunto.

Insistió en la necesidad de eliminar la discriminación de la mujer en la educación y de superar el intelectualismo masculino agregando a la educación la moral, la formación de las virtudes, de la voluntad, de los sentimientos y afectos; porque, para ella, la persona madura es aquella que ha integrado todas sus facultades. Continuó afirmando que la mujer debe ejercer todas las profesiones y entrar plenamente en el mundo laboral porque tiene la misión de humanizar este mundo recordando a todos que una persona humana vale más que todas las cosas; y que cualquier profesión, cualquier vocación, cualquier labor están al servicio del ser humano.

Al comenzar la persecución contra los judíos, rechazó la posibilidad de refugiarse en Sudamérica y decidió hacer realidad algo que deseaba hacía varios años, entrar al Carmelo de Colonia “por el destino de mi pueblo, porque preveía lo que sucedería”(3). Se dedicó nuevamente a la filosofía y escribió algunas obras mundialmente reconocidas. En 1938 aumentaron las persecuciones y ataques contra los judíos en Alemania, de la que no se libraban ni siquiera aquellos convertidos al cristianismo. Ante esta situación algunos amigos decidieron llevársela por precaución al Carmelo de Echt en Holanda. Pero no fue suficiente y, el 2 de agosto de 1942, los alemanes la aprisionaron como represalia a la actitud de los obispos holandeses que denunciaron las violencias cometidas por el ejército de Hitler y dirigidas principalmente a judíos, sacerdotes y religiosos. Fue llevada al campo de concentración de Westernork donde, según testimonios de sobrevivientes, intentó dar esperanzas y ánimos a los judíos prisioneros. Poco después fue trasladada a Auschwitz y murió en la cámara de gas posiblemente el 9 de agosto de 1942.

Su nombre, Edith Stein; hoy, Santa Teresa Benedicta de la Cruz. Judía, atea, feminista, conversa, intelectual, filósofa, carmelita, mártir…MUJER.

Artículo original publicado por el Instituto Tomás Moro, organización afiliada a Vida Humana Internacional en Paraguay.

NOTAS

 

(1) E.Stein. Selbstbildnis in Briefen I
(2) E. Stein. La Mujer, Biblioteca Palabra, 1998.
(3) E. Stein. Selbstbildnis in Briefen II

 

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